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martes, 15 de junio de 2021

              
  Comprender la no creencia.
    


   

 Lei, no hace mucho, como alguien, no recuerdo su nombre, se hacia la siguiente pregunta:
“”¿Como es mas facil llegar al conocimiento del mundo, a través de Dios o a través de la Ciencia?. 
Para mi no era nueva ni creo que para mucha gente mas. Poner en manos de Dios la Ley  Gravitacional,   el concepto del “espacio-tiempo”, el origen de la vida, la solución de una pandemia o que el bicho de esa pandemia no nos coja, no deja de ser motivo, al menos, de una benévola sonrisa . Poner en manos de ese Dios, la solución de una pandemia, como me decía un buen amigo, no me impidió decirle que por eso mismo porque ese Dios no la había evitado. Se que ante el creyente, el ir acotando con razonamientos sus afirmaciones y creencias, es cosa de perder el tiempo; siempre hay una razón por la que Dios hizo o dejo de hacer algo. Tengo la anécdota personal de que ante mi postura en esos términos, se me dijo como único razonamiento de que yo no tenia fe. Y claro, la contestación lo puso mas difícil: ¿Como un Dios Padre Todopoderoso derrama sus dones caprichosamente sobre sus hijos, dandole a unos unos dones y negándoselo a otros?. No tiene sentido. Son respuestas humanas ante algo que trasciende precisamente esa humanidad.
   La Iglesia, los hombres a través de la Iglesia, a lo largo de los siglos han metido bien la pata en esto de la Ciencia, asignando a Dios, porque si, lo que es de la naturaleza. Hasta un jesuita francés, antropólogo de alto reconocimiento, fue materialmente expulsado de su seno. Fue Juan Pablo II, quien lo rehabilitó. Hablo de Teillard de Charden. Participaba de la evolución y la Iglesia en aquella época, los hombres de la Iglesia, que siempre han hablado en nombre de Dios, eran creacionistas.
   Actualmente, es mas difícil que la Iglesia, los hombres de la Iglesia, metan la pata en esas cuestiones.
Acabo de leer un interesantísimo libro que trata del Vaticano “desde dentro y desde fuera”, como dice un subtitulo y cuyo titulo es Descifrando el Vaticano. Un libro que permite “ver” y entender el funcionamiento de la estructura del vaticano, sus principales desafíos teniendo como referencia la historia del cristianismo.” Es interesante conocer el organismo mas complejo del mundo reducido a un no extenso libro. Pues entre los multiples organismos, Pontificias Academias, esta la Pontificia Academia de las Ciencias, que cuenta siempre entre sus miembros a varios premios Nobel y que hacen un total de setenta y dos desde la entrega e ese galardón. Pienso que ya es poco probable que se asigne a Dios lo que es de la Ciencia, es decir que vuelvan a meter la pata.
A raiz de todo esto, mas o menos, en el año 2019, el Vaticano y la Universidad de Kent en el Reino Unido, organizan conjuntamente en Roma, la primera conferencia mundial sobre “Comprender la no creencia”.
         Se hicieron entrevistas en profundidad a un total de 6.600 personas de los países en donde se realizo el estudio:
      .-  Estados Unidos, Brasil, Reino Unido, Dinamarca, China y Japon.
         Brasil, es el pais con mayor numero de católicos del mundo. (Seguido por Mexico, Filipinas y Estados Unidos. Después Italia, Francia, Colombia, Polonia, España… y la Republica 
Democrática del Congo.
      Estados Unidos es un pais rico, con una religiosidad fuerte, aunque con crecimiento del numero de los “no creyentes”.
          Reino Unido, pais de la vieja Europa, es de tradición protestante.
          Dinamarca. También de tradición protestante.
        Japon. Un pais rico y consumista, de tradición sintoísta, donde hace medio siglo el Emperador era considerado un Dios.
        China, dictadura comunista que persigue la religión desde hace décadas, con obispos encarcelados y desaparecidos.
     Bien, pues como resultado de las entrevistas en dichos países el estudio presentó 8 conclusiones:
          1.-  Hay muchas formas de ser ateo o agnóstico, muy distintas según los países y las circunstancias.
          2.-  En los seis países, la mayoría de los que no creen en Dios se identifican como «sin religión». 
          3.- Entre estas personas «sin religión», son minoría las que aceptarían la etiqueta de «ateo» o «agnóstico». Muchos prefieren otras etiquetas como «humanistas», «pensadores libres», «escépticos» o «seculares».     
          4.-  Los ateos de Brasil y de China son los menos convencidos de que su afirmación de que Dios no existe, sea cierta.
           5.- No creer en Dios no significa necesariamente no creer en otros fenómenos sobrenaturales, aunque estadísticamente es verdad que los ateos tienden a ser más escépticos en relación con estos que la media de la población.
           6.- Entre los ateos, el porcentaje de los que dicen que el universo «en última instancia carece de sentido» es mayor que el del resto de la población, pero aun así están muy por debajo 
del 50%
          7.- En temas de «valores morales objetivos, dignidad humana y derechos relacionados, además del valor profundo de la naturaleza», las posiciones de los ateos serían similares a las del resto de la población, dice el informe.
           8.- Cuando se pregunta cuáles son los valores más importantes de la vida, tanto los creyentes como los no creyentes suelen responder «familia» y «libertad» y, en grado algo menor, «compasión», «verdad», «naturaleza» y «ciencia». Así mismo, el estudio demuestra que la etiqueta exacta con la que se define un “no creyente” no siempre describe bien sus convicciones.
                  
           Por ejemplo, entre los brasileños que declaran «no sé si Dios existe»: un 27% se autoconsidera agnóstico, un 8% se autodeclara ateo, un 16% se declara «no religioso», un 13% prefiere declararse «espiritual pero no religioso», un 9% se declara «racionalista» y un 8% se declara «escéptico».
        Entre los chinos que declaran «no sé si Dios existe»: un 20% se declara ateo, un 18% se declara «racionalista«. Si revisamos el caso de los chinos que afirman, con firmeza, «Dios no existe», encontramos: un 22% se declara racionalista, un 21% se declara ateo y un 19% se declara «librepensador».
         Hay también preguntas sobre si la ciencia es «el mejor modelo para alcanzar el conocimiento»…  sin especificar la diferencia entre el conocimiento científico y otros conocimientos.
    En definitiva, una reunión muy constructiva de la que se han extraído conclusiones o “advertencias” muy interesantes como, por ejemplo, que la mayoría de los “no creyentes” cree, en cambio, en uno o varios fenómenos sobrenaturales, como la existencia de algún tipo de vida después de la muerte, la influencia de los astros, etc… o que la figura del “ateo convencido y dogmático” prácticamente no existe. Los no creyentes son muy distintos entre ellos y comparten valores mayoritarios positivos, como la dignidad humana, el respeto a la naturaleza, un alto concepto de la familia y de la libertad y el deseo de dar un significado a la vida.
        La mayoría de esos datos están tomados precisamente del citado informe sobre “Comprender la no creencia”.
         Mi parecer es que el ser humano, los seres humanos, están fuertemente unidos a “cualquier tipo de creencia”, resultado de un cerebro que ha evolucionado a través de los siglos sobre el apoyo de una “fe”, en Dioses y Mitos, así en general. Creo que forma parte de nuestra estructura y que no es fácil, por ahora, que esa “atadura”, en el sentido de dependencia natural,  desaparezca.
       En cuanto a la pregunta inicial, si creo en el extraordinario desarrollo de la Ciencia que ha permitido y sigue permitiendo “podar”, algunos mitos que han estado unido al ser humano a través de su evolución. Somos una pobre especie muy limitada, incapaz de comprender, por ejemplo, nuestro Universo; en definitiva origen, y final supongo, de todo.
          Por otro lado esta la evidencia, lo certifica el Anuario Vaticano, de la pérdida de católicos en Occidente, en Europa, concretamente.



martes, 3 de noviembre de 2020












Una sociedad sin Dios?



Parto de la particular opinion de que mientras las religiones y las ideologías existan no viviremos en paz. Aun hoy, siglo XXI, se sigue matando en el mundo en nombre de Dios, que paradójicamente, es un Dios del amor. Y sigo pensando que, al no existir una comunicación directa de ningún Dios sobre su existencia, no deja de ser motivo de manipulación humana, depositar, asignar, atribuir tanto a El como a Ella todo aquello que quizás el hombre desearía para si, pero también sus características: un Dios muy al “corte humano”. Su debilidad, su impotencia, su desamparo, su desconcierto le ha hecho nacer, crecer en el hombre como asidero al que agarrarse para la solución de sus incertidumbres y desesperanzas.


En los últimos datos del Anuario Vaticano, el Catolicismo en Europa representa, al momento en que lo leí, el 21,8% de su población; dato que aun así creo que esta inflado y que probablemente un porcentaje muy alto de ese valor corresponda a personas de edad avanzada. Pero no ocurre lo mismo, por ejemplo, en Sudamerica, donde el porcentaje sube desproporcionadamente, como así en otras partes del mundo donde el desarrollo económico, la educación, las tecnologías, la ciencia, el conocimiento general aun no han llegado a los limites de Europa. Pienso que parece haber una correlación entre el desarrollo de los pueblos y las creencias.


Los Dioses, en general, se han manifestado a través de unos escogidos, que no se sabe porque ellos, a los que ha ido indicando
qué quiere y espera de nosotros. La neurociencia actual ya tiene muy claro lo que representan las alucinaciones en el cerebro humano; yo puedo ver un árbol frondoso, extraordinario…que no ve nadie, porque solo existe en mi imaginación.


Es un hecho como las religiones, sus exigencias, han ido evolucionando casi a la par que lo ha ido haciendo el ser humano; lo que en la actualidad vienen haciendo algunos seguidores de Ala, lo hicieron los seguidores de Jesus hace algunos siglos. Se destruia lo que ellos entendían como Idolos, se quemaron bibliotecas…se hizo desaparecer la famosa, en su época, Academia, cuna de filósofos…en nombre del Dios cristiano. Y si seguimos avanzando en la historia llegamos a las Cruzadas que, en su camino a Jerusalén, arrasaban aldeas sin respetar mujeres, niños…gente pacifica que de pronto todo un ejercito desconocido en nombre de su Dios, pasaban sobre ellos sin piedad alguna. Y que decir de la Inquisición, de la Santa Inquisición. Y todo en nombre de un supuesto Dios, interpretado por los hombres y al que le han inflado de sus miserias y sus miedos.


Leia no hace mucho un articulo que su autor titula “Una sociedad pagana”. Defiende que a pesar de “”ilustrados, marxistas, evolucionistas, y cientificistas, la religión sigue ahí y Dios sigue estando ahí”” y entiende que ello es así, porque el ser humano es “”por su propia naturaleza un ser homo religiosus””. No lo sé. Si sé que hay un hecho muy evidente que, a sociedades mas avanzadas, con mas conocimiento científico desarrollado y divulgado, la idea de Dios se va diluyendo.


A la sociedad desarrollada actual ya no le supone ningún consuelo el que le digan que en la “otra vida” todo será mejor, porque lo que quiere y tiene es consuelo en esta. Los Dioses creados por el “homo religiosus”, no tangibles, no comunicativos, a los que hay que obedecer sus reglas y leyes para tener derecho a esa mejor vida, han sido sustituidos por otros, a los que ven, tocan, le aportan en directo cierto grado de felicidad… A mi entender, quizás sea este el periodo en que mas se ha desarrollado el politeísmo…y el hombre actual ha acabado por creer completa y fielmente en ellos. El milagro lo tiene a diario, en cada momento: las TV, los smarphons, el internet, los ordenadores los iPad…cuerpo e imagen; dioses menores en el que vuelcan sus creencias.


En una sociedad politeísta como la actual, con un paganismo y materialismo, a la vez, muy acentuado, las religiones “clásicas” no ofrecen ya al hombre de hoy, para “su”hoy y para “su” presente, nada mejor que lo que encuentra en la sociedad en la que vive, y lo trascendente, la trascendencia, la vida en otra vida ha dejado de tener valor, ha dejado de estar presente en sus mentes. Y las reglas morales han sido sustituidas por reglas de los nuevos dioses, de aquí y ahora, del disfrute, del vivir aquí porque es lo que ven y lo que sienten… 


He tenido de todo esto una prueba al leer casi por casualidad, lo que describe una chica universitaria de su día a día. Habla con una amiga de un chico, le pregunta por él, y su amiga le contesta: “”Si no lo conozco, solo me he acostado con él una vez””


Las religiones, las evolucionadas como la nuestra o mejor, las religiones en una sociedad evolucionada, tienen poco que ofrecer al hombre de hoy, donde el mas pequeño milagro lo tiene al alcance de cualquier teclado, mensaje o pantalla.


En algún momento planteé en uno de los días de tertulia, si por la ética se podía hacer, obtener lo mismo que por los valores cristianos, por amor a Dios. En aquel entonces pensaba que si, pero hoy cuando compruebo que los valores cristianos van desapareciendo pero la ética no los sustituye, no aparece por ninguna parte, ¿que nos queda entonces?. Si unimos a todo ello la falta de referentes, guías, modelos…que nos hable, que nos señale, que nos levante el sentido de culpa…no se. 


Igual la tantas veces repetida Inteligencia Artificial venga en nuestra ayuda…en forma de robots humanoides, fabricados a nuestra imagen y semejanza, y nos eche una mano.


Volviendo al articulo al que he hecho referencia en algún momento, dice:


“”¿Merece la pena, -incluso desde posiciones agnosticas-, minusvalorar o abandonar un Cristianismo que ha estructurado nuestra cultura y nuestros valores: el sentido de la vida, la dignidad de la persona, la solidaridad y un Occidente que muchos repudian, sin saber que esta en juego?


Nota: El autor del articulo es MIGUEL PORTA PERALES.- Articulista y Escritor.






sábado, 16 de mayo de 2020

LA OTRA REALIDAD














Es casi una discusión recurrente la que tengo con amigos acerca de las consecuencias, en este caso personales, de esta situación que estamos viviendo; mas bien padeciendo. He ido comprobando como han cambiando en sus conversaciones, en sus “guasas”, como ha ido diluyendose la normalidad de su comportamiento convirtiéndose poco a poco en una enorme inseguridad y en un incipiente miedo. Sus tema se ha hecho monotematico; datos de muertes, datos de expansion de la infeccion, incertidumbre de que será su vida, nostalgia de sus hijos y nietos…

Algunos, me hacen llegar alguna que otra señal indicativa de que empieza a no estar muy bien. Otros, casi de pronto, reconocen estar cansado de esta situación de no saber. Otro que empieza a notarse que no esta normal… Es de reconocer que pueden ser reacciones normales, porque lo que se nos presenta da para eso y para mucho mas. Lo único que se me ocurre decirles es que procuren tener la cabeza ocupada y no entren en el juego de estar pendientes de las comunicaciones televisivas, de redes sociales o simplemente de lo que nos dicen los amigos,  de los partes de guerra diario oficiales, ni en ninguna otra noticia mas. Es necesario reconocer que no podemos hacer nada, como es necesario tener pleno conocimiento de lo que se trata, como es necesario tener conocimiento, eso si, de las reglas del juego, en seguridad e higiene, porque nos esperan aun muchos meses duros. Si no controlas tu cabeza, les digo, tu cabeza te controlara a ti. Es imprescindible la reflexion, y no solo en estos momentos, sino siempre. Vaalentin Fuster, gran cardiólogo y gran humanista, dice en un libro suyo que “al mundo le falta reflexión". Y estoy de acuerdo.

Es mas que evidente que el momento que estamos viviendo es mucho mas que especial, no esperado, ni imaginado y mas aun, ni preparado para ello; como también es mucho mas que evidente el bombardeo que recibimos, de datos, estadísticas, fallecidos, expansion de la cosa, dudas, desconocimiento casi a todo nivel de como es este enemigo…e incertidumbre, mucha incertidumbre. Parece que faltan mentes lucidas, serenas, con mucho sentido común, realistas, pero que nos hagan llegar de que siempre, siempre hay que apoyarse en la esperanza.

Y también es lo es, y contribuye a esa inquietud que nos esta atenazando, el espectáculo bochornoso, impresentable, de mujeres y hombres de partidos políticos, tratando, unos, de tapar sus incompetencias, sus tremendos errores, con el fin maquiavélico de blanquearlos echando la culpa al primero que pasaba por ahí, y lo peor culpando a otro partido que no ha tenido ni parte ni responsabilidad de actuación, siempre menos que reconocer la suya, otros tratando de sacar partido pensando en votos y reconocimientos, todos apoyados en la horrenda sombra de una tragedia sin precedentes.

Por mi parte puedo decir que estoy cansado, por no decir algo mas burdo, de estos politicuchos de intereses particulares, adocenados, sin mas horizonte que buscar la forma de descalificar al otro; sin la mas mínima conciencia por un pueblo doliente que no ha podido siquiera despedir a sus seres queridos, sumidos en el no saber y en el miedo, también de muchos otros con un futuro incierto. Estoy cansado de ideologias que solo traen fanáticos arrimando el ascua a su sardina, sordos y ciegos de lo que tienen delante de sus narices. Y dicen que con esta pandemia el hombre cambiara…no lo creo, no cambiara porque su mundo es su ombligo. Que manera de desperdiciar lo que nos ha sido dado en interés propio, vanidades, odios ancestrales y todo lo que pueda decirse. Estoy harto.

Y de esta pandemia, de esta tremenda situación, claro que he aprendido; he sabido quienes son mis amigos, he sabido que siempre están ahí, he sabido de quienes les importo y quienes se interesan y preocupan; algunos haciéndome llegar algún que otro chascarrillo, buscando la sonrisa, de la que tanta falta nos hace, sin importarles tiempo, intereses, ni ideologías; he aprendido que a pesar de tener encima un enorme problema humanitario, el ser humano es de una gran generosidad, pero también que es mezquino, ruin, falso y por encima de todo teniendo muy presente  sus propios intereses. He aprendido que a la hora de la verdad solo estas tu, con tus miedos, tus incertidumbres, tus dudas…pero también con el sentido común que te haya sido dado. He aprendido que la poca o mucha fortaleza que necesites tiene que salir de ti, no te queda otra. Y he aprendido muchas mas cosas, entre ellas que, a pesar de todo,  la esperanza nunca debe perderse.

miércoles, 13 de mayo de 2020

Y DE PRONTO... EL MIEDO



















Y de pronto…el miedo.


De pronto parecía que se nos abrían las compuertas de la esperanza, pero en verdad, no dejaba de ser un nuevo señuelo, un quiebro a nuestra credulidad. Cuando teníamos la sensación de que podiamos, por fin, estar tomando lo que nos apeteciera en una terraza, comprobamos con desengaño y decepción de que la verdadera preocupación era por el dueño de esa terraza; por su economía, por, dicen, su supervivencia, por puestos de trabajo, por dejacion de ingresos al Estado. Produce cierto repelus pensar que si no fuera por la economía no se abriría la esperanza de recuperar libertades para el ser humano.

Vivíamos aceleradamente, haciendo muchas cosas, sin dejar tiempo para ver, vivíamos en la adoración permanente a la diosa tecnología; nuestro vocabulario, nuestro medio de comunicación mas extendido, se llenaba cada vez mas de esos hijos de la Diosa: ordenadores, iPad, iPod, redes sociales, wifi, Memoria RAM, software, USB…y yo que se mas que compone ese nuevo cielo de creencias al que nos hemos hechos fieles y bien fielmente.

Y cambiamos fe y creencia por artilugios de nuevos brujos, en la certeza de que resolverían todas nuestras dudas y preguntas y hemos cambiado, los amuletos, la cruz, las imágenes…por aparatos a los que les asignamos inteligencia…artificial y , al parecer, poderes casi sobrenaturales. Y no nos dábamos cuenta de que vivíamos con unas enormes “orejeras”, solo viendo lo que los gurús tecnológicos y quien sabe mas, querían que viésemos, bombardeados con la ideas certidumbre de que la felicidad pasa por tener, y porque no, por los atajos o creencia de iluminados con normas que prometen son llave para la felicidad. Se nos olvidaron los pequeños detalles, se nos olvido mirar al cielo, disfrutar de la naturaleza, de los sonidos de la mar y de ratos de silencio.

Lei hace algún tiempo la entrevista que le hicieron a un psicólogo y escritor, cuyo nombre no recuerdo, que entre otras cosas decia que “la vida es un chollo si no te creas unas necesidades vacuas.”. Entre otras cosas defiende, según la psicología evolutiva, que “nuestro mundo emocional depende de nuestros pensamientos de nuestra manera de ver el mundo, de nuestra filosofía personal.” Y estoy muy de acuerdo.

Y vivimos en la prisa, en la resolución de las cosas y problemas cada vez de manera mas inmediata, en un “sin pausa”, ni reflexion. Y hasta era signo de hombre/mujer moderno, actual. Cuanto mas energía se mostrase en nuestro quehacer diario mas nos acercábamos al ideal de ser humano actual, ya supermoderno. Valentin Fuster, eminente cardiólogo y gran humanista, decía que al “mundo actual le falta reflexión”.

Y llegados a aceptar vivir cargados de cachivaches y artilugios de toda clase, y también de toda la ropa del mundo, de ropa que ni remotamente llegaríamos a amortizar, porque antes ya aparecía oro modelo mas actual y teníamos que estar al día, a la tortura de la moda, a favor de la corriente, aunque la corriente nos llevara al adocenamiento cargados de tanta anestesia que éramos incapaces de verlo. El consumo había entrado de lleno en nuestras almas…peor aun, en nuestros cerebros como la peor de las adicciones sin apenas enterarnos.

Y vivimos muy seguros de nuestra libertad. Nos sentiamos libres en todo y para todo, entrando en una soberbia colectiva, sin apenas darnos cuenta de que nos habíamos convertido justo en todo lo contrario. Y vivimos transformados, cambiando personalidad, decisión, gustos únicos por comportamientos globales; cambiando radicalmente cacharros de consumo, inducidos,  y previsto que serian consumidos por el ser humano, por valores. Y empezamos a vivir sin valores.

Para Eugenio Trias, “la transformación es radical, y altera valores, formas de vida, modos de ver y de vivir.” Y cambiamos el Dios de nuestros padres, `por los dioses de los hombres. Tuvimos dioses a montones, a los que se adoraron, y se adora, como casi nunca se hizo con otro Dios. Y ¿se puede vivir sin valores?

Y vivimos encantados y seguros en este mundo nuevo de inteligencia artificial, ordenadores cuánticos, robótica invasiva y deseos de inmortalidad…


Y de pronto…algo invisible, que nos decían que existía, que nos decían que era mortalmente peligroso para el ser humano, apareció en nuestras vidas, acabando con ellas, derrumbándolas como piezas de un domino…y de pronto nos encontramos con que el mundo se paralizo, nuestra vida quedo en nada, nuestros dioses, soporte de nosotros mismos, no servían para resolver el caos. Las ciudades quedaron convertidas en ciudades fantasmas, de desolación y silencio. Habia que guarecerse, protegerse, confinarse en nuestras cuatro paredes…y había que aprender a vivir una nueva vida para la que ni remotamente habíamos sido preparados. De pronto, radicalmente, nos encontramos con otra realidad; casi nada de lo que hasta entonces tenia para nosotros valor carecía totalmente de ello  en esta situacion. Casi todo se depreciò. Había que crear espacios de una convivencia , para la que no habíamos sido preparados. Teníamos que acostumbrarnos a que el valor de las cosas casi no tenia sentido. Necesitábamos con toda urgencia aquellos valores que dejamos en el camino por otros que ahora no nos servían para nada. Y poco a poco fue creciendo la terrible realidad de nuestra tremenda debilidad, indefensión y fragilidad. Descubrimos que no éramos hijos de esos dioses que adorábamos, protegidos, fortalecidos, amparados por ellos. 

Y de alguna manera nació en nosotros el miedo.







domingo, 22 de septiembre de 2019

LOS RECUERDOS DE CARLOS, TAVIRA Y LA SASTRERIA















Una sastrería. Es verdad!. Lo tenía olvidado. Estaba frente a la casa donde vivía mi abuela Maria en  Tavira (Portugal). Me lo recordó mi hermano Carlos. Me veo con el con cierta frecuencia. Es tremendamente familiar y tiene una memoria formidable para acordarse de nuestras cosas de cuando éramos “chicos”. Es rara la ocasión que no me habla de esa época, bueno me habla de manera especial ya que me comunico con él a través del lenguaje de “señas”, más que de signos, que él y sus hijos conocen perfectamente, lenguaje de comunicación especial que tenemos con él la familia. Carlos perdió la audición muy pequeño y con ella la posibilidad de hablar, y aunque sea una incongruencia “habla” muchísimo. También recordaba otros momentos que yo tenía olvidados. Y es que los que tienen esta minusvlia de algún modo desarrollan una extraordinaria capacidad de observación, 

A veces tengo la sensación de que Tavira está en mí desde siempre; en mí, y en todos nosotros, tanto por lo que se vivía cuando íbamos a ver a mi abuela como por lo que suponía el viaje en aquel entonces; una verdadera fiesta. Desde donde vivíamos, Isla Cristina, íbamos en tren hasta Ayamonte, frontera con Portugal. Antes, tengo que contar, para llegar a la estación, que podríamos decir que estaba cerca del Pozo del Camino, un  núcleo poblacional, en aquel entonces muy pequeño,  muy próximo a Isla Cristina, teníamos que coger un pequeño autobús de color verde, camioneta, que por tanto como se movía, supongo, le llamábamos “la cachonda”. Nos dejaba en la estación y no mucho más tarde ya “escuchábamos” el ruido, el sonido característico de la llegada del  tren, el resoplido de la salida del vapor y su característico pitido   avisando de la llegada a la estación. 

Ya el viaje en aquel tren suponía una odisea maravillosa. Con los vagones con asientos de madera y máquina de vapor, que te impedía asomarte a la ventanilla por el riesgo cierto de que entrara en tus ojos todas las “motas de carboncillo” del mundo, y con el clásico pitido que sonaba de tarde en tarde, iniciábamos la "aventura"de llegar a Ayamonte, población fronteriza con Portugal, separado del país vecino por el río Guadiana. La siguiente etapa era pasar la Aduana, y el siguiente viaje, no menos “aventurero”, para nosotros, claro, era el de “la canoa”; había que atravesar el Guadiana para llegar a Portugal, a Vila Real do Santo Antonio. La canoa era entonces el único medio para ir a Portugal desde esta zona, por ello eran embarcaciones preparadas para personas y vehículos. Era, seguía siendo, una maravillosa aventura.

El Guadiana, en este tramo es ancho, trae mucho caudal y atravesarlo suponía un tiempo que poco a poco nos iba mostrando, con asombro, las diferencias que había ya en las mismas embarcaciones, y ya más cerca en las fachadas de los edificios que veíamos acercarse conforme llegábamos al embarcadero de la aduana portuguesa. El conteo en esta Aduana, se tenia la impresión de que era más serio, más riguroso; recuerdo la cruz con tiza blanca que pintaban en las maletas y demás, indicativa de que todo estaba en orden.

Es significativo observar el tiempo de entonces con el de ahora; siendo el mismo el ritmo era distinto. Lo echo de menos. Sigo teniendo la sensación de que todo era más pausado; la prisa tenía una significativa relatividad. Siento, a veces, la añoranza de ese tiempo de ayer y cuando en algún momento consigo resucitarlo, siento una gran calma.

Que certeza la que afirma que lo vivido en la niñez suele ser lo que más perdura de nuestros recuerdos. Portugal, nuestra visitas anuales a visitar a nuestra querida abuela Maria, ha quedado grabado en los míos fuertemente: paisajes, colores, olores, sonidos...

Cuando por fin llegábamos a la frontera portuguesa, saliendo del edificio de la Aduana a la derecha, cogíamos otro tren que nos llevaría hasta Tavira. Y de nuevo esa memoria selectiva, porque no recuerdo el paisaje de ese trayecto pero si las características del tren; eran vagones plateados, supongo metalizados, y  su interior disponía de asientos cómodos y algo que me llamo la atención entonces; entre asientos existía una especie de mesa que podías elevar a voluntad y que chicos estudiantes que cogían el tren aprovechaban para ir repasando. Que diferencia con el que habíamos venido hasta Ayamonte. Supongo que sería la influencia inglesa que también se observaba en los turismos.

Y ya en Tavira el recuerdo de las “carriñas”” tiradas por mulas, de un diseño “distinto” a los nuestros. Una de ellas me recogió en una ocasión y me llevaron al campo. Eran familiares de mi madre. Era el tiempo de la recogida de los frutos de las higueras. Recuerdo como iban recogiéndolos de una hilera de higueras y yo, que me llevaban en la “ carriña”  pues iba comiendomelos sin que ninguno se percataran de ello y claro cuando se acabó la hilera y iban a empezar con otra pues esas frutas recién cogidas del árbol, bien calentitas, ...pues hizo efecto y...pues trajeron consecuencias. Después, pasado el mal rato, me dejaron en un montón de hojas secas de maíz donde caí rendido y de donde me levante picándome todo el cuerpo. Recuerdos de la niñez preciosos.

Pero de la sastrería no recordaba nada de nada. Y todo volvió cuando lo contó Carlos. Me lo describió como si hubiera sido ayer. Y era verdad. A partir de entonces recordé la casa, justo enfrente de la de mi abuela, al sastre... con unas gafas caídas, miraba por encima de ellas, un chaleco sin mangas y una cinta métrica, supongo que de sastre, sobre su cuello... imágenes que ni remotamente creía tener. Y ya siguieron apareciendo recuerdos como el silencio de las calles, quizás por la ausencia de vehículos, la tienda adonde mi abuela nos llevaba a comprarnos todo lo que se nos antojaba... hasta un reloj; no ya un lujo en aquellos tiempos, sino impensable además en un niño. No fue un antojo mío; me lo regalo...con enfado de mi padre, que aún no se porque. El reloj, ya viejecito, lo sigo conservando como un tesoro.

miércoles, 3 de julio de 2019

TENGO MIEDO






  


¿Qué estas haciendo? Nada. 

¿No pintas? No, no estoy haciendo nada. 

Estarás leyendo algo. Pues tampoco. 

Hacía ya un tiempo que había accedido por fin a dejar su casa e irse a vivir a la de sus hijas. ""Soy como la falsa monea"" me decía cuando iba a verla. Y es que sus hijas vivían en el mismo bloque pero en pisos diferentes, y se la alternaban cada cierto tiempo. Era natural, teniendo en cuenta que las dos estaban trabajando y con hijos, y no cabe duda que el cuidado de una persona de avanzada edad, con síntomas de demencia senil, con noches en vela, de vez en cuando, requería un descanso que resolvían teniéndola cada cierto tiempo cada una de ellas. En verdad estaba a solo tres alturas de la misma escalera, una de la otra y el traslado no suponía molestia alguna. 

Ante la sensación de desgana que percibía, le volvió a preguntar.

 ¿Y la tele? Hay un canal de Historia muy interesante, con lo que a ti siempre te ha gustado la Historia... 

Volviéndose hacia el, supongo que cansada de su impertinente insistencia, le dijo: "Ya te darás cuenta cuando llegues a mi edad de como se pierde el interés por todo".

Después de la rotura de sus dos caderas, en un plazo de seis meses, y no por caídas,  sino por el estado de sus huesos,  superadas las dos intervenciones quirúrgicas derivadas de ellos, a pesar de su edad, ya en la primera intervención los médicos advirtieron del riesgo que esta suponía. En la primera rotura fue operada de urgencia y sobre la media noche. Por amistad de uno de sus yernos con el cirujano, ya que también era medico y trabajaba en el mismo hospital, se permitió a la familia visitarla en una zona adjunta a quirófano. 

¿Quien eres? Pregunto a su hijo que quiso verla. 

¿Quien eres? ¿Donde están mis gafas?  ¿Porque me han dejado pasar tanto frío? 

No lo podía creer; recién operada, con 96 años, y con esa vitalidad y lucidez mental, comentaba con sus hermanos, después de la visita.

A los pocos meses fue operada de nuevo de la rotura de la otra cadera. Y también la supero, incluso con la operación que hubo de realizarse, al implantarle una prótesis.

Pero poco tiempo después, y con visibles signos de agotamiento físico, sin un diagnostico definido, si acaso la edad, fue ingresada en el hospital. Le tocó compartir habitación con un enfermo mas joven y con una familia numerosa y vociferante, tanto, que uno de sus familiares, un hijo, se vio obligado a llamarles la atención y, al no hacerle caso alguno, a exponer la situación en el servicio de guardia de la planta. Algo mejoró la tranquilidad de la habitación  pero por poco tiempo, por lo que la estancia se le hacia difícil de soportar. No descansaba lo que debía y, se tenia la sospecha de que, por parte del servicio de planta no se iba a hacer nada para poner remedio a aquella falta, no ya de consideración sino de respeto a las propias normas del Hospital. Así transcurrieron dos o tres días hasta que una mañana, por el personal de planta, se comunico a uno de los familiares que la acompañaban en ese momento, que iba a ser trasladada a un sitio mas cómodo: un hospital muy próximo que había sido utilizado en exclusiva, en su tiempo, a enfermos con problemas pulmonares.

Y así fue. 

Paso a ocupar una habitación amplia, luminosa y muy austera . Todo el hospital lo era, desde el mobiliario al personal, que parecía no llegar ni al mínimo, incluso la iluminación era mínima. Aunque se apreciaban todas estas circunstancias, el mismo aparcamiento, solo ocupado con tres o cuatro vehículos, el hecho de verla descansar sin ruidos y en una habitación holgada, luminosa, soleada, compensaba tanto la austeridad como la aparente falta de servicio. Por lo demás continuaba somnolienta, en un semivela, y con una medicación mínima. A cierta hora del día aparecía una agradable enfermera, al parecer conocida de uno de sus hijos, que en verdad no hacia nada, o al menos esa era la impresión que daba. En una de esas visitas, uno de sus hijos quiso acompañarla, con la clarísima intensión de preguntarle. 

""Esta muy malita, muy malita"" . Le dijo, casi sin pararse.

Cuando la dejo pudo comprobar cómo la ocupación en el hospital era mínima  tanto de enfermos, como de  familiares y personal sanitario. Ya por curiosidad, bajo por las escaleras pudiendo comprobar que todo estaba  casi en la misma situación de ocupación que había apreciado en la planta donde estaba su madre. Llego hasta la planta baja y no encontró ni servicio de seguridad ni control de acceso. Volvió a planta con un montón de preguntas en la cabeza. 

Al día siguiente, que amaneció espléndido, una de sus hijas, que había pasado la noche con ella, estaba a su lado cogiéndole la mano. ""Parece inquieta", le dijo a su hermano, En un momento dado parecía  querer hablar a su hija y, aunque su voz apenas era ya audible, se acerco a ella 

"¿Quieres algo? Dime mama.

 ""Tengo miedo"", le dijo, y expiró.

Luego supo que aquel hospital estaba destinado a los que ya la ciencia no podía hacer nada por ellos,  a los de situación irreversible, a la desahuciados.  Bueno, pensó, "Al menos ha pasado sus últimos momentos en paz. ¿En paz? ¿Qué quiso decir con "Tengo miedo"? ¿Tan consciente estaba que pudo ver llegar su muerte?"

Y pensó que esas preguntas le iban a acompañar siempre.

NOTA: Estas notas las escribi en su momento. Las he tenido guardadas sin exponerlas y no se muy bien porque. Si he recordado muchas veces, y lo sigo haciendo esa frase a la hora misma de su muerte.

jueves, 17 de enero de 2019

UN VESTIDITO BLANCO EN MI RECUERDO













Los recuerdos que conservamos de la niñez, dicen, son los que más y mejor perduran en el tiempo, aunque, en verdad, no tengo muy claro si son los que más perduran, pero si se que muchos de los recuerdos que tengo, bastantes tienen su origen en esa etapa de nuestra vida: la niñez (que según el DRAE, es “el período de vida que va desde que nacemos hasta la pubertad” que, a su vez, es “la primera fase de la adolescencia” que, a su vez es “el periodo de la vida humana que sigue a la niñez y precede a la juventud.”) Pues eso: la niñez. Y son unos recuerdos curiosos o especiales porque nos traen trozos, retazos de vida, olores, colores, lugares...imágenes y hasta nombres que quedan grabados en nuestra mente sin saber la mayoría de las veces donde ubicarlos, con quien relacionarlos...o como en este caso “un vestidito blanco”

A veces, los recuerdos acuden una y otra vez sin tener más señales que una imagen y no muy nítida, un nombre, que lo he vivido o como decía antes, el recuerdo de una niña con un vestidito blanco.

Como en la mayoría de mis recuerdos, recurrentes, se registran en el pueblo donde mis padres se fueron a vivir; un pueblo marinero, dedicado a la pesca y la conserva de ella, y en el que pase gran parte de mi niñez, y un poco más allá; llegue, o me llevaron, con 4 años. Recuerdos que, por su insistencia, hicieron que me decidiera a recogierlos en forma de ensayo, recuerdos escritos y que he ido mostrando por este blog. Ya tengo claro que son recuerdos que han ido apareciendo fundamentalmente en todo aquello que debió de representar para mí algo más que el hecho de vivirlos. Ya tengo bien asumido que los años vividos en el pueblo, las relaciones con personas que tuve, y su vida en él dejaron una gran huella, de por vida, en mi.

En este caso, el recuerdo lo situó en tres lugares diferentes, con un denominador común; un vestidito blanco que veo revolotear en mi mente una y otra vez. Uno de esos lugares es la Fábrica de Conservas que había en la otra esquina de la calle donde vivía, calle Carreras, creo recordar, donde viví durante unos años y que hoy es un Centro Cultural, que me sentía obligado visitar y que visite. En esa fábrica, cuya fachada larga, daba al muelle pesquero, como los balcones de mi casa, jugábamos todas las tardes, no recuerdo cuantos ni la edad, y de entre esos niños destaca en mi recuerdo el de una niña...”con un vestidito blanco”. Probablemente algún hermano mío también estuviera. Otro de los lugares donde aparece de nuevo en mis recuerdos esa niña con el vestidito blanco, es en la calle Carmen, adonde nos trasladamos al final de la misma, camino ya de la Palmera, donde jugábamos, como no, quizás con más chiquillería, no lo recuerdo, pero donde estaba, seguía estando, eso sí, la niña con el vestidito blanco moviéndose y revoloteando. Y en la Academia de Don Gonzalo, una especie de icono en el pueblo y que estaba ubicada casi enfrente de mi casa en la calle Carmen. 

Por lo que he leído, se sabe que muchos de los recuerdos que tenemos,  no suelen ajustarse a la realidad; el paso de los años, la idealización del contenido del mismo recuerdo o cualesquiera otras imágenes pueden crear en nuestra mente imágenes distorsionadas, más cerca de lo que tengamos idealizado con el paso del tiempo que realmente con lo que ocurrió. Sin embargo, en este caso de mi recuerdo repetitivo de una niña con un vestidito blanco todo apunta a que no hay nada distorsionado. Lo que sí me llamaba la atención, digo llamaba, era que no conseguía ponerle rostro, ni nombre. Ya creo que si.

Y es necesario incorporar otro recuerdo que se me quedó durante años; un nombre, un nombre de una niña, porque escribiendo este relato la he unido, casi sin pensar, a la niña del vestidito blanco.

De esos tres escenarios de mis recuerdos conservo además otros unidos a cada uno de ellos. De la fábrica los recortes de hojalata, el guarda sentado junto a la puerta en una caja de madera, mujeres en fila rellenando las latas... de la Academia una zona luminosa, la Luz entraba por mi derecha, y...una niña sentado junto a mí en el pupitre...con un vestidito blanco...de la calle Carmen los juegos y esa niña con vestidito blanco revoloteando de un lado para otro...

Y en general todo ha sido incertidumbre y preguntas ¿se trata de la misma niña? ¿y quien era,  como se llamaba?... Y ya estoy por pensar que si, que realmente era la misma niña. La niña de la fábrica era hija del propietario, la niña de la calle. Carmen vivía en una bonita casa que hacía “esquina/curva frente a la esquina de la calle Carmen... y la Academia estaba muy cerca tanto de mi casa como de la suya. No me cabe la menor duda; era la misma niña y...hasta creo saber ya su nombre.

Hace un tiempo, contándole a una amiga “cosas de estas”, me dijo: “Se cerró el círculo.” Y en este caso vuelve a suceder lo mismo : “Se cerró el círculo.” Se acabó la incertidumbre...para mí. Lo que no sé es si “la niña del vestidito blanco”, de contárselo creerá lo que le digo.