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jueves, 1 de febrero de 2018

EPICURO Y LA FELICDAD












Raro es el día que no recibe uno algún “”guasa””, que nos de consejos sobre cómo podemos y debemos ser felices. No sabemos quién lo ha escrito ni pensado, ni que fuerza moral tiene para todos esos pensamientos que pretenden convencernos de que nos levantemos todas las mañanas haciéndonos el propósito de ser felices. Me imagino una escena cualquiera de alguien que le ha despertado una alarma precisamente cuando estaba en el mejor de los sueños, que tarda en darse cuenta incluso que esta de pie y que ni siquiera sabe como ha llegado a la ducha. Con una voz que le aprieta diciéndole “date prisa cariño que llegamos tarde, que hay que dejar a los niños”l, que después dejará a su compañera y que por fin el se incorporara a su trabajo y del que no parara hasta que llegue la hora de salida. Solo le ha dado tiempo para llevar a cabo todas esas acciones que, si no fuera porque se han convertido en rutinas, se le haría la cosa poco menos que imposible. Y si es el caso de una pareja mayor, sin obligaciones ya ni de niños ni de trabajo, empezará el día con el esfuerzo de intentar levantarse de la cama sin dolor alguno, no teniendo ni idea de que va a hacer este día porque no lo recuerda. Se encontrará con su mujer de toda la vida, buenos días, y cuando ya sus órganos vitales se hayan puesto en marcha, irá al baño, se duchará, se arreglará y empezará a prepararse el desayuno para el solo, porque igual su mujer continuará con su rutina de desayunar en el bar de la esquina. Y no se acordara de que hoy era el santo de su amigo Manolo, como tampoco se acordó de recordarse que fuera feliz este día. Son muy osados los que van escribiendo sentencias morales por esas redes de Dios, bueno de lo que sea, o ingenuos si piensan que los hornos están para bollos, tanto como para ponerse a decir todas las mañanas: Hoy voy a ser feliz.

Y mira que hay motivos para alegrarnos. La esperanza de vida se ha multiplicado por dos a lo largo de los últimos 100 años. En 1900 la esperanza de vida global no superaba los 40 años. La gente moría por desnutrición, infecciones y violencia. No obstante los que conseguían librarse de estas penalidades su esperanza de vida se movía entre los 70 y 80 años. Y no eran considerados raros. Galileo Galilei murió a los 77 años, Isaac Newton a los 84 y Miguel Ángel a los 88 y ello sin vacunas, ni antibióticos, ni siquiera trasplante. Parece ser que la medicina moderna, en verdad, no ha alargado la vida “natural” del ser humano. Si ha conseguido erradicar la muerte prematura y en gran medida las infecciones. En verdad la esperanza de vida se está alargando en la actualidad, pero con la contribución, de la higiene, la educación y la erradicación de las famosas plagas infecciosas.

Y se habla ya de que el hombre podrá alcanzar los 150 años de vida de aquí a no muchos años.

Según leo por esos mundos de la ciencia, parece que se está pretendiendo la inmortalidad. De hecho y, como un ejemplo de ello, el gigante Google ha creado una sociedad, empresa o lo que sea, Calico se llama, dedicada precisamente a ello. Al frente de esa empresa han puesto a un investigador puntero y cuyo nombre no recuerdo. Igual pretenden los fundadores, Sergio Brinn y Larry Page, convertirse en inmortales y mantenernos controlados por los siglos de los siglos. Amen. El dinero destinado a ello no es precisamente calderilla. Se habla de 2500 millones de dólares. Al parecer van en serio. Por otro lado la Comunidad Europea ha dedicado 1000 millones de euros a un proyecto consistente en conseguir pasar a un disco duro de un ordenador el contenido de una mente humana. Y por ahí andan, porque la última “hazaña” científica ha consistido en conseguir imágenes de un cerebro humano; y en placas como cualquier prueba de resonancia magnética. Bueno, la penúltima, porque hemos tenido noticia de que han conseguido clonar a dos monos. ¿ Nos harán felices la consecución de todos esos proyectos.? 


En la antigua Grecia, el filósofo Epicuro, afirmaba “” que adorar a los dioses era una pérdida de tiempo, que no hay existencia después de la muerte y que la felicidad es el único propósito del hombre.”” Para Epicuro la búsqueda de la felicidad era un objetivo personal. En un tiempo los pensamientos  de Epicuro fueron rechazados en gran parte del mundo conocido. Sin embargo está tomando valor en estos momentos que corren. Muchos creyentes prefieren la felicidad en la mano que la supuesta felicidad en una supuesta otra vida. 

A ls vista de lo que se está viendo, da la impresión de que los gobiernos pretenden que seamos felices. Los gobiernos y el escandaloso, buscado, y conseguido Mercado de consumo, porque, en verdad, no se nos ha educado para ser felices. Las escuelas, los colegios, preparan a sus alumnos para que sean buenos matemáticos, conozcan su historia, el mundo en que habitan, lenguas distintas, letras...pero no son educados para ser felices. Nadie les habla de la felicidad. Pero ya se encarga el mercado de consumo en intentar conseguirlo, solo que insatisfactoriamente; nos hacen ser felices con sus numerosos “juguetes electrónicos”,  con fecha de caducidad y obsolescencia, para que sigamos adquiriendo juguetes y sigamos siendo felices. Y lo ha conseguido; ha conseguido que el ser humano humille permanentemente la cabeza, desarrolle el uso del “dedito” y sea feliz con los “guasas”, con los “amigos” que no ve y con los “profundos” pensamientos dichos en 140 caracteres. Han conseguido que se tenga la misma opinión, que no se sea capaz de leer más de dos frases seguidas y vivir en un mundo digital que, ya lo dijo Einstein, nos lleva a la estupidez. Observar a matrimonios que se sientan en un restaurante y cada uno se prepara con su correspondiente móvil... es ¿una aberración? o comprobar, como este pasado verano, como chicos de 13 o 14 años, todos, TODOS, estaban concentrados con sus smarphon, sin hablarse, ? 

Otro filósofo, pero actual, el inglés Jeremy Bentham, declaró que el bien supremo “ es la mayor felicidad para el mayor número “, llegando a la conclusión de que el único objetivo digno del Estado, el mercado y la comunidad científica es “aumentar la felicidad global”. A mi parecer creo que lo que hacen esos tres estamentos, más que interesarse por esa felicidad global, es entretenernos, tenernos entretenidos, engañados/enganchados con cada vez más sofisticados aparatos electrónicos con los que pretenden hacernos creer que somos libres y felices.

Yo no participo de esa idea del filósofo inglés de una felicidad global. Los avances, en la erradicación de hambrunas, los avances en medicina, la extensión del acceso a bienes de consumo... el llamado estado del bienestar....las pensiones, la seguridad social..., no creo que haya traído la felicidad al ser humano.

En 1976 la Declaración de independencia de Estados Unidos, establecieron el derecho a la”búsqueda” de la felicidad junto con el derecho a la vida y la libertad. Pero solo el derecho a que pudieras buscarte el derecho a ser feliz; no al derecho a ser feliz.

Ningún político tiene derecho a prometer, en ese afán por arañar votos como sea para su partido, la felicidad a nadie. La felicidad creo que es un estado personal. Cuando Epicuro definió la felicidad advirtió a sus discípulos que “había que trabajar con ahinco”. Aunque los logros materiales por sí solos no nos satisfarán por mucho tiempo. Al parecer había llegado a la idea de que la felicidad no se alcanza fácilmente. A pesar de todos los logros alcanzados en las últimas décadas, a pesar de la mayor tasa de prosperidad y confort, la tasa de suicidios en el mundo desarrollado es mucho más elevada que en las sociedades tradicionales. Da la impresión de que Epicuro tenía razón, conseguir la felicidad es más difícil que abolir injusticias y conseguir nuevos derechos.

Nota: parte de los datos aportados en este artículo provienen del libro HOMO DEUS, el que continúa al escrito en su día,HOMO SAPIENS, ambos por Yuval Noah Harari,  Profesor de Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén.








FENOMENOS PARAPSICOLOGICOS, EL PADRE PILON Y OTRAS CURIOSIDADES.








“Cuando un viejo muere, muere una biblioteca”.  No se dónde lo leí.
Rudyard Kipling lo explica: cuando fue, de chiquillo, a entrevistar a Mark Twain, vio que el escritor se dejaba la pipa de mar que fumaba, y sintió que podía robársela, pero R.K. dejo la pipa. Para algunos indios americanos, pensó, si le robas a alguien un objeto te llevas con él su alma.
  
   En una tribu africana, se cuenta en un pequeño libro de Antropología que guardo por ahí, que cuando alguien muere, no se considera que ha fallecido, sino que pasa a formar parte de los “muertos vivientes” mientras perviva el recuerdo de su nombre, vamos mientras se le recuerde y se hable de él. Cuando su nombre pasa al olvido es cuando se acepta que realmente ha fallecido. Sobe esto se suele decir que nadie ha muerto de verdad mientras haya alguien que le recuerde.

   ¿Tienen las cosas alma? ¿acaban las cosas que usamos constantemente durante años teniendo algo nuestro?

   El Padre Pilón, jesuita, era un especialista en temas esotéricos, parapsicológicos, hechos inexplicables,… eso que el habla de la calle llama, denomina, misterios.
  
   Del Padre Pilón se cuentan anécdotas, comentarios…de los que alguno de ellos le oí decir por televisión: “De alguna manera una butaca usada durante años por una misma persona acaba quedándose con algo de ella.” Y también le oí decir que “todo lo que ocurre, ocurre de tejas para abajo”.
   
   Oscar González Quevedo, también jesuita, estudioso asimismo de estos temas, creó la primera Cátedra de Parapsicología en Brasilia. Mantuve correspondencia con él, aunque desgraciadamente para mi muy corta. Escribió varios libros sobre todo esto, “El rostro oculto de la mente” es uno de ellos, que conservo,  pero en especial destaco uno, que también tengo en mi biblioteca, que  me resulto interesantísimo. En el recoge el ExPadre Oscar Quevedo, dejo la Compañía de Jesús, al parecer por la edición de un tratado sobre el demonio que había escrito, creo recordar, aunque no tengo los datos exactos, una serie de casos, hechos, supuestos o como quiera llamarse, completamente documentados, sobre sucedidos asimismo completamente inexplicables pero que han sucedido. La fiabilidad de esos casos que describe el jesuita esta en que detalla, en muchos de ellos, la universidad donde se hicieron las pruebas y numero del expediente donde constan las mismas. Es decir, puede comprobarse. El libro, además de interesante, es extenso  en casos, que desde la  normalidad de nuestra rutina diaria y nuestra visión del mundo que nos rodea  sobre lo que nos están explicando, los englobamos como hechos extraños…en algunos casos, en otros somos escépticos, directamente no nos lo creemos. De todos ellos me quede con tres sucedidos, que al menos en uno de ellos, hubo explicación. Uno de ellos trataba de una mujer, casada, su marido piloto naval, en ese momento embarcado, que estaba leyendo en la cama justo antes de dormir, y que, en un momento dado levanta la vista y ve a su marido, vestido de uniforme a los pies de la cama. ¿Qué haces aquí? ¿cuándo has llegado? Le dijo asombrada porque sabía que estaba en la mar. En ese momento la imagen del marido desapareció. Aunque parezca raro no le dio importancia pensando que se había quedado dormida y se trataba de un sueño. Al día siguiente le comunicaron que su marido había muerto junto con todos los tripulantes al naufragar el mercante donde iba. Otro de los casos estaba protagonizado por una niña de corta edad que era capaz de mantener una conversación en cualquier idioma. Como era de esperar la niña fue estudiada una y otra vez, se hicieron conjeturas sobre unos supuestos poderes de la niña…hasta que se consiguió poder llevarla a un departamento especializado de la Universidad donde vivía para poder estudiarla con más detalle. Después de múltiples pruebas a alguien se le ocurrió “tapar”, cubrir, a la niña con una campana de cristal de gran grosor…y la niña dejo de hablar idiomas. Al parecer la niña disponía de una potente fuerza mental que hacía que de alguna manera “entrase” en la mente del interlocutor de turno y captase su lenguaje. Mas o menos esa es la explicación que dieron, que consta en los expedientes de aquella Universidad y que leí, que yo recuerde. Hay otro caso de otra niña, que no se recoge en el libro que cito, pero que muestra como en un porcentaje alto de estos “misterios”, tienen de alguna manera, una explicación. El caso era que en la casa donde vivía la niña se producían unos llamados “fenómenos” paranormales; se abrían y cerraban puertas, se fundían lámparas…y alguna cosa mas. Se daba por supuesto que la casa estaba “encantada”. Como ocurre también en muchos de estos casos se procedió a estudiar la vivienda por medio de un equipo de parapsicólogos. Y como suele ocurrir también en estos casos, no había casa encantada ni fantasmas juguetones, se trataba de la niña. Cualquier enfado o contrariedad de la niña daba lugar a todos esos fenómenos. Como en otros muchos casos, se trataba de la mente humana. Y no quiero dejar de contar el tercer sucedido que elegí del libro del exjesuita Oscar González Quevedo. Este era-fue un caso curiosísimo, que demuestra una vez más la fuerza y el poder de la mente humana, de los que todavía, aun, no se tiene conocimiento del porqué. Se trataba del conocido submarino nuclear americano “Nautilus”. En el primer viaje-navegación que hizo el Nautilus, se le encomendaron una serie de pruebas entre las que se encontraba comprobar su comunicación con la base, en un puerto de los EE.UU., a su paso por las aguas del Polo Norte, pero lo interesante no era solo eso, ya que además de comprobar esa comunicación tecnológica del submarino, también se quería comprobar la comunicación mental mediante “médiums”. Para ello, y como parte de la tripulación, iba un llamado “médium” que intentaría comunicarse con otro “médium” en la base   justo cuando la nave pasase por debajo de dicho Polo. La comunicación se llevó a cabo y…llego antes la del médium. Son datos recogidos en documentos y escritos sobre este primer viaje del primer submarino nuclear americano.

   Por puro afán de conocimiento, leo bastante, que no estudio, no tengo estudios sobre ello, sobre neurociencia, a través de libros de divulgación sobre esta ciencia, voy conociendo algo de nuestro maravilloso cerebro del que se va sabiendo mucho su porqué pero no el cómo. Casi todos los libros que he leído acaban diciendo lo mismo; no sabemos cómo funciona el cerebro.

   Uno de los últimos libros leídos/estudiados, trata sobre las Alucinaciones, del Dr. Oliver Sacks, fallecido no hace mucho, autor como muchos de los libros que tengo sobre esta ciencia. En este estudio no solo describe las causas y manifestaciones de esta enfermedad, relacionada de alguna manera con la esquizofrenia y la demencia, sino que además describe algunos casos de su clínica. Concretamente el de una paciente que cuando ya estaba acostada, leyendo, veía a los pies de su cama a personas paseando. Parece, en principio, que puede tener alguna relación con los casos relacionados en el libro de sucedidos descrito mas arriba. No se trataría de  ningún fenómeno parapsicológico, sino de una enfemedad mental, en principio. Sobre este tema de alucinaciones, apariciones, visiones, tuve una experiencia este verano, que precisamente acababa de leer el libro Alucinaciones, con una amiga de mi mujer, que de manera informal hablando del libro que acababa de leer me dijo, asi, sin mas, de pronto: “”Yo veo todos los días a Paco, mi marido.” A veces le tengo que decir, ya está bien, para que me deje tranquila. ”” A pesar de lo que había leído, de lo que ya conocía sobre las alucinaciones, me cogió sin saber que decir. Pero me dijo más; “”yo veo a mis amigos muertos por la calle.””. Y lo decía con la mayor naturalidad, sin darle mayor importancia, como si el hecho de decir que ve uno a sus amigos muertos por la calle fuese lo más natural del mundo. Era evidente que se trataba de una enferma y que en  ningún caso tenía que ver con fenómeno parapsicológico. Pero aún tengo otro caso y este personal. Se trata de  mi hermano Carlos. En este fin de verano pasado tuvo que ser ingresado en la UCI, resultado de secuelas producidas por la quimio aplicada a un tumor. Tenía los pulmones sin funcionar, los riñones casi y el corazón agotado. Cuando me tocó el turno de verlo, en ese momento no le habían aplicado aun una inyección de aire a los pulmones, que luego le salvaría, en un momento dado me dijo: “”Mama ha estado aquí” y me señalaba justo a su lado, “”y me ha dicho que no me preocupe, que todo ira bien.”” Lo decía totalmente convencido. Tenía alucinaciones; a su cerebro no le estaba llegando suficiente oxigeno por sus pulmones en mal estado. O puede haber alguna enfermedad mental añadida. En este caso tampoco creo se pueda hablar de fenómeno parapsicológico.

  1. Sobre estos llamados misterios paranormales, milagros, escuchas, sonidos…me quedo con lo que dijo el jesuita Padre Pilón en su día en la televisión: “”Todo lo que ocurre ocurre de tejas para abajo.””


Facebook, WatsApp y 140 caracteres.













   


Hoy día, actualmente, en el siglo XXI, el tiempo de los correos electrónicos, de los tuiteros, de los guasas y demás de las llamadas redes sociales, que en verdad sí que lo son, porque bien que “”enredan””, sigo recibiendo por parte de una amiga, desde hace más de 45 años, una epístola, una carta por mi onomástica, y otra por Navidad. A destacar no sólo la fidelidad a la amistad sino a la carta como forma de comunicación. (Hace unos días me llamo por teléfono pidiéndome consejos para incorporarse a los “”guasas””, como manera, forma de estar más al tanto.) yo también he sido usuario del medio epistolar, me gustaba ese medio, lo sentía como una manera de “estar” más próximo con la persona a la que escribía. 

   Recuerdo haber empezado desde muy joven. En verdad era el único medio de comunicación “a distancia” entonces; el telefónico estaba aún en pañales. Y creo recordar que fue con una amiga de Madrid, que “encontré” en las páginas finales de las revistas de entonces, en el que se solicitaba tener correspondencia “con chicos y chicas de la misma edad solo como amistad”. Por supuesto que las cartas tardaban en recibirlas, pero era evidente la ilusión con que esperabas la llegada del cartero con un sobre a tu nombre. Era entonces el medio normal de comunicación entre personas. Pero no sólo de comunicación ya que había casos en que se mantenía una larga correspondencia y en la que se intercambiaba ideas, opiniones… Durante mucho tiempo, ya pasado en bastantes años, la adolescencia, mantuve una de esas correspondencia, de la que aún guardo escogidas, muchas de aquellas cartas. 

   Era, el momento, el tiempo de escribir un momento de unión con la otra persona, un momento de salir, brotar las ideas de lo que querías decir, de lo que querías contar o de lo que querías rebatir. Daba la impresión de que todo, pensamiento, mano, pluma y papel formaban un todo. El ir “viendo” escritas tus ideas facilitaba, incentivaba a que fueran surgiendo más.

   Yo siempre escribí con pluma “”gorda de punta gruesa”” y me gustaba cambiar, jugar con el color de la tinta; azul, negra, morada…pero siempre con pluma. Hoy conservo una colección de ellas aunque en general siempre escribía, y sigo haciéndolo, con una en concreto. Y ya estaban en el mercado los conocidos “bolis”. Restaron algo de protagonismo a mis queridas plumas. Empezaba a priorizar el sentido práctico y la inmediatez; un boli lo usabas, lo gastabas y se tiraba. No requería el cuido, la limpieza y el tenerlo que rellenar de tinta de tanto en tanto como la pluma. Y ya no fue parar la aparición de artilugios gráficos, algunos de muy buena calidad y que también conservo por mi afición a la cosa gráfica.

   Y lo mismo que la pluma fue sustituida por bolis, con la aparición de internet, la carta, la epístola, fue cambiada, mutada, transformada en lo que se denominó entonces y así se sigue llamando, el “”correo electrónico””, que no “”carta electrónica”, que parecería más acorde. Y para mí se perdió “algo” de ese encanto de ir viendo cómo escribes sobre el papel, en la tinta preferida, las ideas, los pensamientos que se te van viniendo a la cabeza. Ahora mismo escribo estas letras a través de un medio electrónico, que me permite elegir tipo de letra, color, separación de líneas, tipo de carta y…con corrector ortográfico. Menos mal que me permite mantener mis ideas y pensamientos. Y la carta “normal”, la nacida de mano y pluma, prácticamente ha desaparecido…con las excepciones que pueda haber como es el caso de mi amiga y yo mismo, pues no me resisto en contestarle en el “formato manual”.

   Se viene diciendo y yo suelo estar de acuerdo, que una de las características de este momento, es la rapidez, la prisa, la inmediatez . Y parece que no tiene límites. Muchas cosas, muchos actos, muchos comportamientos se viene midiendo en tiempo, no en calidad, en belleza, en serenidad…no, en tiempo. Cada vez se quiere hacer todo en menos tiempo y parece que eso es lo ideal. Y como no,  ha llegado a la comunicación y a la comunicación entre seres humanos. Primero fue la tradicional y querida carta de papel y sello, después la tecnológica carta “correo electrónico” y ya estamos en un medio que te da 140 caracteres o en otro donde hablas, chateas, de manera inmediata. Se ha ido reduciendo tiempo pero mucho peor ideas, expresiones, pensamientos, … Ya no se precisa exponer nada, ni ocupar espacio razonando, tres frases, o cuatro o las que sea y sino 140 caracteres máximo.

   En estos días he leído en las hojas culturales de un periódico, que ha salido a la venta  un libro que trata de las cartas de amor que se intercambiaron compositores conocidos con sus amadas, probablemente las que en algún momento fueron musas de sus composiciones. Si fuera posible interpolar, trasladar esa “comunicación, ese medio” con los de ahora, no quiero ni imaginármelo utilizando Facebook, “Guaseando” o reduciendo todo su amor a 140 caracteres.








lunes, 20 de noviembre de 2017

El orden y las notas.








           



Hace años que sigo las “andanzas” literarias, y no solo a través de sus libros sino también a través de sus artículos, muy divulgativos, en prensa, del Dr. Enrique Rojas.

Y en relación con todo ello estuvo por aquí,  por mi pueblo, en la presentación de su nuevo libro que, como casi siempre no pude asistir, porque como casi siempre también, me entero de estos eventos cuando ya han tenido lugar. Pero si pude leer la reseña, extensa, que de ella, de la presentación, hizo la prensa. Como es norma del Dr. Rojas, psiquiatra, trataba su nuevo libro de la necesidad y los requisitos, según el, necesarios para llevar una vida “medio decente”, una guía, unas normas de vida en definitiva. Daba varias, pero me quedé solo con dos: “el orden” y “las notas”; al parecer, ser ordenado contribuye, ayuda, a llevar una vida, nuestra vida, el día a día, más llevadero y, al menos en esto, en principio no le puse muchas pegas y además soy de los que creen que, en general, la gente suele tener el día, ese día a día a que se refiere el doctor, medianamente ordenado; tal como está la vida, con prisas, con trabajo, con hijos, con amigos...si no lo tienes medio previsto, con cierto orden, sería un verdadero desastre y, es evidente, que nuestra sociedad, o la mía, con la que convivo, con  esa sociedad cercana de amigos, de barrio, de vidas corrientes y molientes, no está tan destrozada. Por ello quiero pensar, y quizás tenga razones para ello, que más abajo detallare, que el Sr. Rojas se este refiriendo a un orden más completo, a un orden “interior”. Tener orden no solo en los quehaceres diarios, sino en nuestros pensamientos, en nuestras ideas, en nuestras creencias...en el cumplimiento que conlleva todo ello. Y lo de las notas... confieso que esto de las “notas” me desconcertó...en un principio después me vinieron recuerdos y entendí el mensaje del Dr. Pero tengo que “bucear” un poco dentro de mi para justificar el porque de ese entendimiento.

Mi interés, mi preocupación por la relación del hombre con Dios, mi interés por las creencias, me llevo, a lo largo de mi vida a una búsqueda constante de una explicación, de un porque, de una razón de esas creencias del hombre y, más aún, de su fe. Y de ese Dios que aparece en todas las culturas, adorado a través de múltiples imágenes, formas, presentaciones y creencias, del que no tenemos más datos que los aportados por el mismo hombre: el Dios de las creencias no se ha manifestado nunca, pero se cree en El, se tiene Fe en El, se ha matado por El...se hacen santos por El. Un Dios, mientras no se demuestre lo contrario, creado por el hombre (que ironía: el Dios que se dice creó al hombre fue creado a su vez por ese mismo hombre), un Dios hecho a imagen y semejanza...del mismo hombre. Un Dios plastilina que moldeamos en función de nuestras necesidades y nuestros intereses. Un Dios mantenido a lo largo del tiempo por mitos que se han ido transmitiendo oralmente, a través de generaciones. Generaciones sin más conocimiento ni más apoyo que su mismo mito. Si no se ha manifestado nunca, no puede saberse cual sería su imagen. Pero la tenemos, tenemos su imagen multiplicada hasta el infinito, en multitud de iconografías. Y busqué llamando a las puertas de aquellos que decían tener mucha relación con ese Dios, que afirmaban conocerlo. Me encontré que detrás de todas esas puertas tampoco estaba ese Dios de las creencias, de los mitos, de ese Dios traído a través de los siglos, sin más pruebas que un montón de tradiciones orales, que en un momento fueron recogidas en escritos que, luego se denominaron sagrados y que, a su vez , dieron lugar a nuevas creencias. Y me encontré que en todas esas puertas, lo que había era intervención humana, mucha intervención humana. Para eso, pensé, me quedo con mi yo.

Y una de esas puertas fue el Opus Dei. El recuerdo me lo trajo precisamente el Dr. Rojas. Me aceptaron cuando pedí conocer a esa llamada “Obra de Dios”. Y pronto empezaron las discrepancias y pronto pude comprobar que el hombre volvía a estar por encima del Dios. La figura del “Padre” hombre, por ejemplo, parecía tener más fuerza que el Dios Padre. No pude estar allí. Sus interpretaciones subjetivas, sin posibilidad de ser rebatidas, la imposibilidad de hablar de las normas me lo impedían y precisamente, dentro de esas “normas”, rituales, costumbres, usos o como quiera llamarse, estaban precisamente esas dos que recoge el dr. Enrique Rojas en su libro. “El plan de vida diario”...y las notas. Y es que al poco de estar conviviendo con miembros de la Obra, pude observar como todos, o casi, usaban una libreta, mejor agenda, con calendario, datos y hojas en blanco, que se reponían, de piel que llamaban por su nombre: una Luxinder. Yo entré en ello. Y por todo esto la he buscado y la he encontrado. En ella se anotaba, las notas, lo que se decía, lo que se oía en alguna charla; el plan de vida diario.

Salí de la Obra, mi esfuerzo me costó, y dejé la Luxinder. Mi lectura sobre la charla del  Dr. Rojas y mi reencuentro con la agenda, me ha hecho recordar un tiempo, uno de los tiempos que he dedicado a esa búsqueda del porqué de las creencias que, en parte, he dejado por la simple razón de que siempre me encuentro, me tropiezo, con el hombre. Y “El Dios de cada uno”, un libro de neurología muy interesante, escrito por un neurocientifico  granadino, que enseña en Oxford, me dio la señal, me abrió la mente. Lo he leído varías veces y lo he aconsejado otras tantas.


Y no se porque me viene la idea de que el Dr. Enrique Rojas y el Opus Dei no deben estar muy lejos el uno el otro.

martes, 23 de mayo de 2017








                                              


          



       



     Sobre el amor…y otras cosas.



Le decía a una amiga, que anda por aquí de vez en cuando, que quería escribir sobre el amor. Era evidente que me metía en un buen berenjenal prometiéndole tal cosa; hablar sobre el amor, así como así, no es que sea fácil, ni difícil, ni complicado, es que es... una incertidumbre, porque ni siquiera tú sabes que es lo que vas a decir sobre el amor. En principio la intención era hablar sobre el amor en edades avanzadas, porque a veces da la impresión como si el amor solo estuviera destinado a la gente joven.

Después recordé, de como hace muchos, muchos años, en una revista de entonces y en la que escribía un escritor conocido entonces y conocido mas ahora, acuñó una frase, que ya entonces me planteaba dudas sobre lo que en realidad quería decir, : ""hacer el amor"".  Entonces no la entendía pero es que hoy día tampoco y han pasado más de algunos años. No la entendía en cuanto al uso que le daba.  Literalmente y según el DRAE, " hacer el amor" es exactamente copular. Algo así como una manera fina de decirlo, un eufemismo vamos. Pero lo cierto es que esa expresión, en nuestros días, sea en los reality esos de la tele, en los que a ver cuál de los tertulianos grita más, sea en la prensa de cualquier color y formato, se está utilizando o se utiliza para hablar del amor. Y ahí no estoy nada de acuerdo.

El copular, ""unirse o juntarse sexualmente"", como dice el DRAE, lo he entendido siempre como la consecuencia, el resultado, el culmen, del amor entre dos personas. El copular porque si, que es lo que parece ser que se lleva mucho actualmente, el te cogi te comí, como también se dice muy, muy vulgarmente, no se, pero no creo que tenga nada, nada que ver con el amor. Si con el deseo, con el sexo... ni siquiera con la sexualidad.

Y, me parece, que en la actualidad, en estos tiempos, el concepto, la idea se distancia más.

Hace unos días tuve la oportunidad de leer una entrevista que le hacen a tres escritores-autores muy conocidos: Vargas Llosa, Perez Reverte y Javier Marías. Ni que decir tiene lo jugosa que estaba la entrevista, las ocurrencias de cada uno, la cultura de los tres... y en un momento surge el amor y no recuerdo bien si fue Perez Reverte el que habló del amor romántico y fue entonces cuando Vargas Llosa, como si se preguntara así mismo, dijo: pero si el amor no es romántico entonces que es?. La pregunta se quedó entre los tres y al menos  en mi también. No se me había ocurrido condicionar el amor de esa manera y lo cierto es que lleva razón. A veces tenemos una impresión del romanticismo algo cursi, antiguo.

Es verdaderamente asombroso, se puede comprobar, que gran parte de la información que nos llega,  que nos inunda,  que recibimos, vía anuncios, sloganes, publicidad... detrás, delante, de manera expresa o subliminal, aparece el amor... entrecomillado. A veces me causa sonrisa ver cómo el fin y el resultado de ponerse una colonia prepara a los protagonistas para irse a la cama de inmediato. Solo con olerla (la colonia, se supone). Y también me ocupa tiempo comprobar cómo cada vez más se rinde un tremendo culto al cuerpo, femenino o masculino, da igual. El hombre actual, y la mujer, que igual monta, lo quieren convertir solo y exclusivamente en materia y sexo. Se puede pensar que son cosas de la publicidad, del "marketing", de la necesidad de vender. Pero la verdad es que esa publicidad acaba influyendo, precisamente por ello, con gran fuerza, en esa mujer y ese hombre.

Al amor lo he entendido siempre como el ocuparse y preocuparse, como compartir, sentir, compartir silencios, miradas, sentimientos, dolor, alegría, dolor en la ausencia, tristeza en la marcha, el amor es saber, conocer, el uno del otro, sentir su tristeza y tratar de paliarla, buscar su felicidad en todo momento, respetar, considerar... y claro, como no, unirse, unirse fuertemente en uno solo, buscar las caricias, desear las caricias... como dice una amiga mía refugiarse, acurrucarse en el otro. El ""hacer el amor"", que decía ese conocido escritor y se dice ahora, es en todo caso el resultado, la consecuencia, y el deseo ultimo, íntimo de estar uno en el otro. En cualquier caso, hacer el amor, seria la consecuencia, no el fin.

Con el amor se desea, se comparte, se vive, se alegra, se silencia, se mira sin saber porque, se siente sin saber porque, se quiere sin saber porqué, se quiere estar con la persona amada sin saber porque, solo es sentimiento que no se sabe de donde sale, ni como se mantiene.

En una de esas noches que nos puede regalar el verano, de paseo lento, de disfrute de una ría iluminada con los reflejos de las luces, acogiendo el descanso de embarcaciones dispuestas para la faena de la madrugada siguiente, acompañado de una brisa marina deliciosa, observe que, delante de mi iba una pareja que mostraban ya de espaldas, una gran complicidad, susurros, diálogos mesurados, y que iban cogidos de la mano. Después observe su paso lento, sin prisas, como recreándose en la noche. Aun cuando por mi paso más rápido podía haberlos adelantado quise seguir observándolos porque me pareció que eran... lo que me figure; una pareja de edad avanzada, por eso el paso acorde con su tiempo, que disfrutaban de un paseo y de su mutua compañía. El le hablaba muy bajito y con la cabeza inclinada y ella le escuchaba, y con tanta atención, con tanto interés, que parecía que era la primera vez que lo oía. Así estuvieron todo el rato, en su mundo, ajeno a todo lo que le rodeaba, y con las manos cogidas. En mi imaginación, que no quisiera perderla jamás, me pareció ver como iban dejando una estela de felicidad increíble. Esta escena sería suficiente como contestación a esa amiga de hablarle del amor...en edades avanzadas. Pero creo que hay más.

Si, hay más, porque aunque no lo haya mencionado, si he dejado entrever uno de los sentimientos, para mi más hermoso que debe aparecer en el amor a esas edades...de vida, que no de sentires: la ternura. Ese sentimiento que impulsa al acogimiento, a la caricia, a la sonrisa... Y la amistad, el amigo del alma, con el que siempre estás, aunque no estes.

Y no quisiera estar idealizando, amiga.