MI HORA BRUJA Y… MI CUCO

Ha sonado el Cuco. Como siempre estoy en mi hora bruja, en
las horas del silencio, de la serenidad, de estar conmigo sin intermediarios y
ha sonado el Cuco. Esta ronco, se ha quedado sin fuelle, de verdad. Y es que
esta muy mayor. Lo trajeron de Centro-Europa, de donde son estos relojes. Ha
perdido la voz y tendré que llevarlo al otorrino de relojes cuco, pero sigue marcando
el paso de las horas, midiendo el tiempo. La verdad que el cuco, al que
aprecio, me ha traído una nueva ocupación: darle cuerda, bueno mejor dicho, subir las pesas, que en
este cuco, y creo que en muchos, representan unas piñas, de piñones. Bueno también cuido su nivelación y es que es muy sensible;
como lo mueva un milímetro dice que no quiere andar. Caprichos de cuco. La
verdad es que me gustan mucho los relojes de pared, en especial estos, los de
cuco, artesanales, de madera y alambre y con una fachada representando, en
general, escenas y motivos de caza. Lo herede, aunque quizás debería decir, lo recupere, porque
lo tenían
olvidado en la casa se mis padres. Nadie le hacia caso. Allí le conocí siempre y en ningún momento le oí decirme la hora; siempre se
había
dado por supuesto que estaba estropeado. Un buen dia me lo traje a mi casa.
Luego supe que estos relojes solo necesitan que las pesas estén donde deben y que este bien
nivelado en la pared. Y cantaba el cuco, mientras movía alegre el pendulillo de
madera que le da la energía para mover sus tripas. No creo que haya cosa peor para un
reloj-cuco que no tener la oportunidad de decir el tiempo cantando. Esperar a
verle salir a su ventanilla, con su pico rojo, al menos el mio lo tiene, a
"verle" cantar se convirtió pronto en un espectáculo, sobre todo para mis hijos que se sentaban ilusionados
esperando llegase la hora. Entonces tenia muy buena voz. Y paso casi como en la
casa de mis padres que nos olvidamos del Cuco. Mis hijos se hicieron mayores,
casi todo se convirtió en prisas y obligaciones, el tiempo se convirtió en un bien escaso y un día dejamos de subirle las pesas
y se paro y no se volvió a oír su simpático canto: teníamos otras prioridades. El tiempo paso, mis hijos crearon
su propia familia y de pronto, un día descubrí a "mi Cuco". Y sentí el deseo y la ilusión de verlo andar y cantar
asomado a su ventanilla de nuevo. Subí suavemente las pesas, moví con delicadeza el pendulillo
y espere. Poco duro el movimiento del pendulillo. Lo desplace de nuevo y nada.
Bueno, ahora si estará estropeado, pensé, y lo deje. Con los días y mientras lo miraba una y otra vez recordé de su caprichosa
sensibilidad: estaba desnivelado. Me costo conseguirlo y una vez que conseguí echarlo a andar me senté a oírlo cantar las horas como
cuando mis hijos, pero... se había quedado sin voz: estaba ronco. Sigue ronco, porque aun no
lo he llevado al otorrino de relojes-cuco, pero, como esta noche, sigue
saliendo a su ventanilla y me dice la hora con una voz que no se porque, me
suena a arrabalera.