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jueves, 24 de enero de 2013







            La muerte... y los gatos


La muerte sin previo aviso casi siempre es causa de sorpresa. Parece como si nos fuera necesario una preparación, un verla venir, una especie de antesala para algo tan natural como la muerte y ello a pesar de lo que en muy contadas ocasiones oímos, "hay que ver lo que hay que pasar para morirse". Y parece ser cierto; en el fondo ¿quien no ha deseado para si o para un ser cercano... "una cosita rápida", "un acostarse y... ya no levantarse"...?, al menos en este mundo. Y, sin embargo, la muerte siempre es causa de sorpresa.

 Es un hecho que, en general, se tenga asumido el hecho de vivir y aunque nos vaya mal, aunque tengamos "una mala vida" nos agarramos a ella con todas nuestras fuerzas... y el pensar en el momento de "irnos" lo vamos dejando, lo aparcamos y casi lo olvidamos, no se si como propia defensa. Es como si la muerte no fuera con nosotros. Por eso, para mi, el suicidio, la muerte voluntaria de un ser humano, no es natural, siempre llevara aparejada alguna deficiencia, algunas circunstancia que fuerce a dejar lo que tanto se desea.

El apego a la vida es algo natural en nosotros. Es digno, y lastimoso, de ver a personas en un clarísimo deterioro físico, como se aferra, se agarra con las pocas fuerzas que ya le quedan, a la vida; no queremos irnos. No sabemos que ocurre después de la muerte, no nos consta que haya algún tipo de vida después de esta. Las religiones nos hablan de otra vida, pero, evidentemente, sin prueba alguna, solo la fe ¿y quien no la tenga?. La ignorancia es total y, hasta ahora, nadie ha venido a contarnos que pasó. Solo en una ocasión se me ha dado la oportunidad de comprobar otra circunstancia: "Ya te darás cuenta cuando llegues a mi edad, tenia mas de 90 años, que ya nada tiene importancia." Conocía muy bien a esta persona y sabia de su pasión por el conocimiento, de su permanente curiosidad... "Yo ya no hago nada aquí; solo soy un trasto molesto", me dijo en otra ocasión, cuando le preguntaba porque no pintaba, porque no leía, porque no se interesaba... Y cuando llego el momento de irse, con una mano cogida a su hija, y otra a mi, dijo "Tengo miedo". Y se fue, nos dejo. Este caso me plantea la duda de que seria preferible ¿llegar a la muerte lúcido, con conocimiento de lo que está pasando, o sin tener conciencia de ello?. Quizás, después de esta experiencia, haya motivos para no querer acordarnos que tenemos que irnos.

Y todo esto viene a cuento por la muerte no esperada de un familiar, un muerte sin causa, al menos para los ojos profanos; solo tenía un pequeño resfriado. Su hija se la encontró muerta después de haberle llevado el desayuno. Y todo esto viene a cuento por la visita posterior al Tanatorio adonde fue llevada, como es la costumbre, para su velatorio por familiares y amigos y en donde mejor que en ningún sitio se puede comprobar toda la parafernalia que se ha montado alrededor de la muerte. El culto a la muerte contrasta con ese tremendo deseo de aferrarse a la vida, pero que se comprueba precisamente cuando en vitrinas adecuadas, se ofrecen distintos modelos de lapidas, distintos modelos de crucifijos, una variedad considerable de coronas de flores con las leyendas ya incorporadas, recipientes para conservar las cenizas, el agua bendita sobre el féretro... hasta la propia Misa... "suena" rara. Hasta la incineración, horno crematorio con su salida de humos de la combustión, con las salas de espera con revistas y bebidas... Y la entrega, una vez terminada la incineración, de una urna con los restos que han quedado... muy bien presentada, incluso con una funda.

Todo previsto. Cada personaje, como en guión conocido, cumpliendo su papel.

... ¿Y los gatos?

Cuando su hija fue a verla, dado que ni la llamaba ni se había levantado, y a retirar los avíos del desayuno, se encontró con la tremenda sorpresa de que su madre había fallecido... !! pero también su gato ¡¡. A su madre le gustaban los gatos y se llevaba bien con ellos. Tenía dos,  uno independiente, arisco, un poco o un mucho trasto, bicolor y otro, blanco, apacible, sociable... que la seguía a todas partes y que siempre estaba o a sus pies o en su regazo; el blanco es el que murió, al parecer, en el mismo momento de su dueña. ¿Explicación? ¿Causa? ¿Murió de pena al ver morir a su dueña? ¿Fue una coincidencia el hecho de las dos muertes?

Pero no acaba aquí el tema de los gatos.

En el Tanatorio, ya de noche, yo ya me había ido, pudieron observar como un gato, al parecer de bonito pelaje, y joven, pasaba resuelto por delante de los apartamentos previstos para los velatorios, desde donde incluso, me contaron, lo llamaban, pero no hizo caso a nadie, siguiendo resuelto su andadura hasta llegar a la puerta donde se velaba el cadáver de... este familiar. Entro, paso por delante de los que allí estaban, con la sorpresa de todos ellos, atravesó la estancia y se subió a un sofá que hay justo delante del cristal desde donde puede verse el difunto; se subió, se enrosco y, al parecer, se durmió. Ni que decir del silencio y las miradas de los familiares, con el caso del otro gato aun reciente. Así que dada la hora decidieron irse a descansar.

La hija no fue capaz de dormir aquella noche en su casa, haciéndolo en la de su hija.

Me lo contaron al día siguiente y aun estoy haciéndome preguntas.

domingo, 13 de enero de 2013





Suelo tomar café con él con cierta frecuencia y es un disfrute hacerlo. Es mayor que yo y, en cierto modo, viene a recordarme a esos amigos de mi infancia que tanto hicieron porque despertara al conocimiento y para los que siempre encuentro alguna razón para traerlos a mi memoria. No me lleva tantos años como aquellos, pero siento la misma curiosidad que entonces cuando me habla. Hablamos de todo, de lo divino y de lo humano y lo que más me llama la atención, además de su portentosa memoria, es su enorme curiosidad por todo, como si estuviera empezando en el la vida, pero quizás de lo que mas hablemos sea de medicina; es médico y se le nota su pasión por la medicina, tanto que ha hecho que me enamore de ella y sobre todo de su Historia, muy particularmente por los sucedidos que ha vivido. Pero ya no ejerce. "Tenias que haber estudiado medicina", me repite de vez en cuando.

Si hay algo que especialmente me atrae de él son sus recuerdos de infancia y juventud, como ya he dicho tiene una gran memoria, muchos de ellos relacionados con las costumbres y los usos que  sobre curaciones se habían ido transmitiendo de generación en generación en su pueblo. Me contaba las curaciones que le hacia su abuela y las que se hacían entre los hombres y mujeres del campo de la época. "Mi abuela me aplicaba sobre esos tremendos granos que nos salían entonces, una tira de tocino que sujetaba con una venda." "En el campo, cuando aparecía un forúnculo, aplicaban sobre el una rana abierta por el vientre que cogían en charcas conocidas. Fíjate que mas tarde se comprobó que tenían una explicación científica, ya que el barro que tenían adherido de las aguas donde vivían tenían propiedades antibiótica y antiinflamatoria." Me contaba.  Hablábamos también de las plantas, de las plantas con propiedades medicinales y precisamente la historia que me contó y con la que me quede enganchado tenia que ver con las plantas medicinales y ...  nuestra nefasta, tremenda Guerra Civil.

Al parecer vivía en el pueblo, entre otros muchos, un hombre de campo, un bracero al que además de su trabajo le gustaban las plantas; las conocía, las recogía y las clasificaba, y guardaba en su memoria todo ello; este hombre de campo no sabía leer. Al parecer mi amigo, niño, lo conocía y sabia de su afición y en un momento dado llego al acuerdo de dibujarle cada planta que el iba recogiendo,  con sus hojas y sus semillas y no se si algún dato mas, lo que hoy definiríamos como una ficha. "Yo le fui dibujando cada planta en unas hojas de papel que el guardaba como un tesoro." Como era natural con el tiempo llego a establecerse entre el hombre de campo, de inteligencia natural y el niño curioso y ya de escuela, una sincera y desprendida amistad.  Cierto día. inesperadamente y sin aviso alguno, vinieron a buscarlo un grupo de hombres del pueblo para llevarlo a la cárcel. Nadie daba crédito a lo que estaban viendo, era un hombre pacífico, sencillo, con la sencillez del hombre de campo dedicado a su familia, a su trabajo y a su afición por las plantas, no se le conocía amistades raras, ni historias de violencia, ni ideología alguna... pero estábamos en nuestra incivil Guerra Civil. No había explicación, como tantos casos de injusticia y barbarie humana que traen las guerras civiles, en la que cualquier detalle, cualquier gesto, cualquier palabra dicha sin ninguna intención, era suficiente; rencores, envidias, celos... cualquiera sabe. Más tarde dijeron que se lo habían llevado a la capital; tanto su familia como todo el pueblo supieron lo que significaba: ya no lo verían mas, lo iban a fusilar. Pasó el tiempo y su mujer se fue a vivir con sus padres y no supieron mas de él. Sin embargo un día, cuando todo estaba casi olvidado, su viuda o su mujer, observó cómo habían deslizado un papel por debajo de la puerta. Cuando lo cogió comprobó que era una de las fichas que había confeccionado su marido con el dibujo que le había hecho el niño amigo. Por detrás había mal escrito: "Estoy vivo".

Por el pueblo corrió el rumor de que se había escapado de la cárcel; pero no volvió y nunca mas se supo de él. Pero a mi amigo-niño se le quedo grabado de por vida la historia. "¿Por qué no volvería?" Me preguntaba.

miércoles, 28 de noviembre de 2012







                                                      VOLVER                            
 

Hace unos días leía a Perez-Reverte en una entrevista que le hacia un periódico  dominical, donde también escribe artículos que generalmente leo,  porque, ademas del buen hacer de la escritura siempre cuenta cosas que, al menos a mi, me enganchan, y no solo eso, sino que también me motivan. La entrevista giraba en torno a su nueva novela pero que aprovechaba para hablar, ademas de la trama de ella, de la mujer, de tiempos pasados, de lugares... y sobre esta ultima referencia decía que  " no hay que volver a los sitios donde se ha sido feliz". La estuve pensando.
 
Creo que todos tenemos la tendencia a contar, como se dice ahora, "batallitas" que no son mas que recuerdos de momentos vividos que han quedado en nuestra memoria, en algunos casos porque fuimos felices en ellos, otras porque no lo fuimos y siempre relacionados con un lugar, con un sitio, con una zona, en un pueblo o en una ciudad.. En mi caso tengo tendencia a ello porque, quizás, fueron tiempos que abrieron mi mente al conocimiento, no solo a la vida, que ya te lo da el hecho de ir creciendo, y a la felicidad... a la felicidad que sentías cuando conseguías un lápiz nuevo, o cuando, al atardecer nos reuníamos, en bandos distintos, a la batalla del día, a la felicidad que sentías cuando conseguías confeccionar una espada con una rama, de lo que colgaban los frutos, de una palmera, a la sensación irrepetible cuando conseguías besar la mejilla de una compañera... y corrías a contarlo... y ella también, a la felicidad que sentías cuando una mañana de domingo habías quedado con tu amigo del alma a cazar pájaros con red... o a coger renacuajos junto a los muros del cementerio. Y son recuerdos placenteros, no de nostalgia, como me dijo una amiga que me lee de vez en cuando, pero son recuerdos que siempre van unidos a los sitios donde tuvieron lugar y te los imaginas como eran, como fueron; los renacuajos con las charcas del cementerio, las "guerras", en los descampados que teníamos justo detrás de las casas y que casi se unían a las arenas de la playa, la caza con red en los arenales que había alrededor del campo de fútbol... el robo de besos en cualquiera de los bancos del paseo que daba al Ayuntamiento o en la Academia de Don Gonzalo, que estaba en la calle Carmen, peatonal, y que justo enfrente vivía yo.

Yo vivi durante algunos años en un pueblo y me sentía tan bien que, cuando llego la hora de irnos se me vino el mundo encima, tanto que mi madre, que me conocía como nadie hablo con una amiga para que me acogiera durante unos días hasta que me fuera haciendo a la idea. Era una familia sin hijos, el un Guardia Civil reciclado, como se dice ahora, en peluquero, ella, como era normal en aquellos años, ama de casa. La amiga, o conocida de mi madre, vivia detrás de nosotros, en la "calle de atrás",como solíamos decir, donde también tenían la peluquería de caballeros. Y así fue hasta que dejé el pueblo, y a los amigos, y a mis calles de siempre y a la Academia de Don Gonzalo y a las niñas con las que ya no era tan fácil robarles un beso... y a aquellas tertulias de banco del paseo... y como no a las visitas a Don Dionisio, en la Biblioteca del Ayuntamiento, y que ademas me dio latín en la Academia; buen elemento este Don Dionisio, era capaz de mantenerse en pie perfectamente y con una apariencia de natural sobriedad, a pesar de haberse bebido media bodega del bar de la esquina. Pero sobre todo ya no tendría a Don Sebastián, ni a Don Benito, ni a Tabuenca... ni al filosofo-prestamista... ni al cura del pueblo con el que tantas noches, con permiso de mi madre, discutíamos, el con la sotana remangada, de lo divino y de lo humano, quizás en la misma proporción.

Pero esa familia tenia una historia, la familia con la que gracias a ella, alargue un poco la despedida; una historia que corría de boca en boca por el pueblo y que de alguna manera aislaba a ella del resto. Puede que la cuente en otro momento.

No volví en muchos años, muchos, a pesar de vivir a no muchos kilómetros. Cuando lo hice todo me resultaba reducido, mas pequeño. La calle Carmen que siempre me pareció una avenida era en verdad una simple calle peatonal de cualquier pueblo, el Bar Lulu seguía allí pero ya no tenia que subirme al alféizar de sus ventanas para ver las partidas de domino. La plaza del paseo se convirtió en una pequeña plaza y las reformas y los retoques sufridos le había restado todo el encanto que tenia en mis noches de tertulia. La zona larga, extensa, de tierra de albero, donde solíamos pasear el Sr. Cura y yo, se había convertido en una gran avenida con un gran recorrido con bulevares y edificaciones y locales a ambos lados... Todo estaba ya en mi imaginación como aquellos personajes a los que tanto debo; hasta el Sr. Cura dejo de serlo. Y las zonas de las batallas y las guerras y la caza del gorrión se habían convertido en unas enormes vías de circulación y no menos grandes parques de recreo. Aquello no era el pueblo, se había convertido en un pueblo.

Perez -Reverte lleva razón en lo que dice: no hay que volver a los sitios donde se ha sido feliz.

 

miércoles, 17 de octubre de 2012







MI HORA BRUJA Y… MI CUCO

 
He terminado un nuevo dibujo a plumilla, un chelo,  ajado, viejo... con solera; mejor, me queda muy poco para terminarlo y he empezado otro a grafito: unos pies de una bailarina clásica, de ballet... con sus zapatillas, que es lo que realmente representa el dibujo. Y tengo previsto dibujar un acordeón, un acordeón de menos teclas, que me regalo Carlos, mi hijo. El acordeón huele a humedad y traía restos de humedad; al parecer lo compro en uno de esos mercadillos donde se vende de todo. En Lima, Perú. Sabe de mi afición a estos instrumentos por mi pasión por el tango. ¿Quien lo habrá tocado? ¿Que música habrán conseguido sacar de el?. De vez en cuando trato de imaginarme la vida de "mi" acordeón. Es pequeño, no es de concierto, de 27 o 28 teclas de piano, y sus botones de acompañamiento. Por eso pienso que no ha debido tener una vida "alegre", de cafe, de calle, de milonga... que es quizás lo que le hubiera gustado. ¿Porque lo dejarían  en el mercadillo? ... Ahora lo tengo yo, con un proceso amplio de limpieza, de eliminación de restos de humedad, de abandono, y cuando lo muevo pulsando su teclado los sonidos salen como si hubiera sonado siempre, permanentemente, con fuerza, limpios, como con deseos de ser escuchados. Suena bien mi pequeño acordeón. Pero hay un gran problema: no se tocar el acordeón y quizás por ello quiero dibujarlo, y llegar a todos sus rincones con el dibujo. Y quiero hacerlo, no el dibujo, sino tocarlo. Lo cojo, lo acomodo, muevo su fuelle y pulso sus teclas y suena; voy haciéndome a el y, quisiera, que el a mi. Sueño, -¿un nuevo sueño?-  con el día que consiga sacar melodías... de arrabal, que me apasionan.

Ha sonado el Cuco. Como siempre estoy en mi hora bruja, en las horas del silencio, de la serenidad, de estar conmigo sin intermediarios y ha sonado el Cuco. Esta ronco, se ha quedado sin fuelle, de verdad. Y es que esta muy mayor. Lo trajeron de Centro-Europa, de donde son estos relojes. Ha perdido la voz y tendré que llevarlo al otorrino de relojes cuco, pero sigue marcando el paso de las horas, midiendo el tiempo. La verdad que el cuco, al que aprecio, me ha traído una nueva ocupación: darle cuerda, bueno mejor dicho, subir las pesas, que en este cuco, y creo que en muchos, representan unas piñas, de piñones. Bueno también cuido su nivelación y es que es muy sensible; como lo mueva un milímetro dice que no quiere andar. Caprichos de cuco. La verdad es que me gustan mucho los relojes de pared, en especial estos, los de cuco, artesanales, de madera y alambre y con una fachada representando, en general, escenas y motivos de caza. Lo herede, aunque quizás debería decir, lo recupere, porque lo tenían olvidado en la casa se mis padres. Nadie le hacia caso. Allí le conocí siempre y en ningún momento le oí decirme la hora; siempre se había dado por supuesto que estaba estropeado. Un buen dia me lo traje a mi casa. Luego supe que estos relojes solo necesitan que las pesas estén donde deben y que este bien nivelado en la pared. Y cantaba el cuco, mientras movía alegre el pendulillo de madera que le da la energía para mover sus tripas. No creo que haya cosa peor para un reloj-cuco que no tener la oportunidad de decir el tiempo cantando. Esperar a verle salir a su ventanilla, con su pico rojo, al menos el mio lo tiene, a "verle" cantar se convirtió pronto en un espectáculo, sobre todo para mis hijos que se sentaban ilusionados esperando llegase la hora. Entonces tenia muy buena voz. Y paso casi como en la casa de mis padres que nos olvidamos del Cuco. Mis hijos se hicieron mayores, casi todo se convirtió en prisas y obligaciones, el tiempo se convirtió en un bien escaso y un día dejamos de subirle las pesas y se paro y no se volvió a oír su simpático canto: teníamos otras prioridades. El tiempo paso, mis hijos crearon su propia familia y de pronto, un día descubrí a "mi Cuco". Y sentí el deseo y la ilusión de verlo andar y cantar asomado a su ventanilla de nuevo. Subí suavemente las pesas, moví con delicadeza el pendulillo y espere. Poco duro el movimiento del pendulillo. Lo desplace de nuevo y nada. Bueno, ahora si estará estropeado, pensé, y lo deje. Con los días y mientras lo miraba una y otra vez recordé de su caprichosa sensibilidad: estaba desnivelado. Me costo conseguirlo y una vez que conseguí echarlo a andar me senté a oírlo cantar las horas como cuando mis hijos, pero... se había quedado sin voz: estaba ronco. Sigue ronco, porque aun no lo he llevado al otorrino de relojes-cuco, pero, como esta noche, sigue saliendo a su ventanilla y me dice la hora con una voz que no se porque, me suena a arrabalera.

 

 

 




                       Una tarde de cafe
 ... Echo de menos el afecto sincero, echo de menos la escucha compartida, echo de menos jornadas de paseo de animada charla, echo de menos la palabra en un momento
adecuado, echo de menos  momentos de ternura, echo de menos interlocutores validos, echo de menos la grandeza de la amistad, echo de menos los silencios compartidos, echo de menos un abrazo sin raz
ón, echo de menos un entendimiento sin palabras,...

No sabia que decirle, no tenia palabras, ni ideas, ni pensamiento, ni ... y me quede mirándolo...  podía oír sus latidos y los míos. No sabia, no supe que decirle. Era una tarde de cafe, una mas de las que, de cuando en cuando, quedábamos para intercambiar cosas nuestras y hablar de las del mundo, del mundo que compartíamos; una tarde en la que habíamos quedado como veníamos haciéndolo desde hace muchos, muchos años. No había probado el cafe que nos habían servido, ni yo tampoco, claro y no me miraba a mi pero estaba seguro que debía estar diciéndoselo  a alguien. Tenia la impresión, al escucharlo, de que aquellas palabras no eran las únicas que esta tarde tenia, eran las que, por alguna razón, se habían hecho realidad, habían saltado a la vida

.- Se te va a enfriar el cafe.

 Tenia la seguridad de que había muchas mas palabras, pero para mi ya aquellas eran suficientes para entender.

 ... echo de menos la realidad de mis recuerdos, echo de menos el deseo de conocer de tiempos pasados, echo de menos ahora las compañías de entonces, echo de menos el asombro, la curiosidad, el amor al conocimiento, a lo nuevo, a lo ignorado...

 .- Se te enfría el cafe.

Es que no sabia que decir, y aunque era verdad el consejo, -se te enfría el cafe-, era realidad era una excusa que ocultaba mi impotencia por no saber que decir.

 .- Que se te enfría el cafe.

 .- Ya lo se. Me dijo al fin volviendo y tomándolo en pequeños sorbos.

.- ¿Como estáis? Bien, estamos bien. ¿Y tu? ¿Y vosotros?...

 .- Bueno...

miércoles, 19 de septiembre de 2012






                      Vaya veranito

 
En dos días estaré con mi rutina, ¡Por fin! Las vacaciones, -es un decir-,  para un jubilado, se hacen largas y si no te las organizas medianamente, es una lata. Por aquello de que ya no trabajas, en el supuesto de que se pueda, estirar el periodo llamado de vacaciones es una barbaridad; acabas encontrándote con las vacaciones de julio, de agosto y como te escantilles un poco, te metes en septiembre. Lo que pasa es que el miedo a las altas temperaturas en la ciudad donde vives, se convierte en una razón mas que suficiente para que te quedes. Pero no, no me sienta bien unas vacaciones de jubilado tan largas. Que, a la hora de la verdad,  tampoco se esta tan mal con mas calor del necesario. Y eso que acabas convirtiendo el descanso? en otra rutina; acabas haciendo lo mismo todos los días solo que peor que si estuvieras en tu ciudad, en la que la rutina es una rutina organizada, ocupacional, con mayores espacios, tus amigos de siempre... que si una exposición, que si un desayuno con un amigo que no veías, que si la tertulia, que si el dibujo que has empezado... tu mesa de trabajo, tus trastos, ... que si una llamada de teléfono a un amigo o una amiga que te das cuenta que hace tiempo que no ves... una visita a una librería... los grandes almacenes, que relajan mucho...No es lo mismo. Lo curioso es que cuando empiezas a sentir el mono de tu rutina, también empiezas a recibir llamadas de teléfono de tus amigos de siempre: que si donde estas, que si a ver si nos vemos, que si ¿pero todavía estas por ahí?. ¡ Llámame en cuanto llegues !. Es que no debo ser solo yo el que sienta esto del mono. Y bueno, mira que yo procuro organizarme con mis lecturas, mis largos paseos por la playa y, como no, mis pinturas, ¡Ah¡ y la música, que este año, por cierto, he descubierto a DIANA KRALL, que ademas de tener una voz preciosa y tocar el piano maravillosamente tiene clase, es guapa y australiana. Y canta jazz, que se acompaña con su piano, y mas instrumentos claro, jazz romántico. Me ha acompañado muchas tardes de rutina veraniega, mientras leia, o me dejaba llevar por la vista que disfruto desde mi terraza, o mientras pintaba un óleo, un óleo con sabor marinero, que mi hija se llevo casi sin esperar a que se secara: "me viene estupendamente en una pared que tengo sin nada". Se lo hubiera llevado igual sin tener pared siquiera. Por cierto ademas de este óleo, he pintado otros dos. Uno de ellos representaba unas flores de geranios, rojo, con sus características hojas verdes-marrones que regale a una amiga de siempre; es que ella me había regalado una maceta grandota de hojas de aspidistra y a cambio le regale un cuadrito con geranios. Bueno también he estado cuidando unas plantitas que me gusta tener cerca; si lo consigo tendré una buena planta de buganvilla en mi terraza, que tenia ganas. Y bueno, la rutina se rompe cuando aparecen, como todos los años, los nietos con sus respectivos padres y entonces todo cambia; ruido de niños, comida de niños, gritos de niños...  alguna que otra charla nocturna con tu hijo, si no lo impide uno de esos aparatos nuevos, con un nombre curioso "tableta", que al parecer es mucho mas importante que una buena o normal comunicación con un padre que no ve muy a menudo; pero ya se se sabe que las "tabletas" son así. Y las noticias, porque vaya veranito que nos han dado con la prima, la Merkel, Bolinaga, los recortes, las amenazas de mas recortes, el "a las pensiones ni tocarlas", que ya veremos, que si el rescate si, que si no, el Gordillo asaltando lo que le echen y nadie entendiendo que lo dejen... en fin, la deuda de la Junta de Andalucía, que no la saben ni ellos... que si, con treinta años aquí resulta que la culpa es de Rajoy... que si ya no se sabe cuanto mas van a subir los combustibles, que si  el Mas de la parte alta que dice que se va, que no quiere nada con España, pero que antes le larguen la pela, pela, pela,... el de IU, el que quería la cabeza de un tal Griñan y ahora resulta que se dan besitos un día si y otro no... ah, que se me olvidaba, las olas de calor, porque este veranito hemos tenido dos o tres: 50 grados me marcaba el termómetro del coche el día que fui a recoger a mi hijo a Sevilla. Y las "cartas al Director de ABC que me han publicado quejándome de todo esto y mas... en fin las cosas que siempre nos traen los veranos y que este ha traído mas de la cuenta y que ya veremos que pasara en el otoño y en el invierno... Y para que seguir.

Por cierto entre los libros que he leído uno de ellos tiene un titulo especial: PORQUE SOMOS HUMANOS y  mira que lo explica bien el autor, un neurólogo español, creo, pues cuando veo las cosas que veo y las que oigo y las que leo... no me convence mucho, porque lo primero que habría que preguntarse es si de verdad lo somos.